Embarcándome en el bilingüismo

 

3. LLEGADA A PUERTO FINLANDÉS

Sin duda alguna, mi llegada a puerto finlandés ha sido la parada más bonita y especial que he vivido en este viaje. Como casi todas las paradas espe-ciales, fue inesperada. Decidí presentar mi solicitud para la beca Erasmus prácticamente en el último momento, y después de muchas meditaciones. Ya renuncié a esa posibilidad una vez mientras estudiaba Periodismo, así que ya que la vida me regalaba una segunda oportunidad, no podía desper-diciarla. después de analizar el programa que ofrecía cada universidad, me decanté por la universidad de laponia, en Rovaniemi (Finlandia). Hubo varias razones que me llevaron a embarcarme en esta locura. La primera fue la reputación que tiene Finlandia a nivel mundial por su sistema educativo; quería conocerlo de cerca y empaparme de su experiencia. Y otra razón fun-damental fue su trayectoria como país bilingüe. de nuevo el bilingüismo se establecía como una necesidad y un requisito. Además, era la primera vez que el CES Don Bosco establecía convenio con esta universidad; por lo que la sensación de aventura se incrementaba y se constituía como un reto inquietante y apasionante.

Después de todo el proceso burocrático, que es muy largo, desembarqué en Rovaniemi un 22 de agosto de 2012. Todo era nuevo y todo era diferente. Muchas veces durante mi estancia allí reflexionaba sobre cómo podía haber tantas diferencias entre España y Finlandia siendo ambos países Europa y unión Europea. Voy a dejar aquí a un lado todo lo que esta experiencia signi-ficó para mí a nivel personal y voy a centrarme en lo que me enseñó como estudiante y como maestra.

Finlandia es un país volcado en la educación. Y entienden la educación como valor y principio que mueve a la sociedad. Esta reflexión, desde mi punto de vista, va mucho más allá del simple comentario de «la educación en Finlandia es gratuita». Efectivamente, es gratuita, y lo es en todos sus niveles; y no sólo eso, sino que los estudiantes universitarios reciben alrededor de 400€ al mes por estudiar. Pero la cuestión es: ¿por qué? ¿Por qué en Finlandia sí y en España no? Porque, en la mayoría de ocasiones, parece que en Finlandia tienen un amor por su cultura y su país que a nosotros nos cuesta mucho más manifestar. Y este amor les lleva a cuidarlo hasta el extremo. Y, ¿cuál es la herramienta que un país necesita para cuidar su cultura? La educación. Así, la profesión de maestro es de las más valoradas. Los requisitos para poder estudiar la carrera de Magisterio son muy elevados y reducen el número de plazas para que solamente aquellas personas que de verdad estén convencidas puedan acceder a ella. Los estudiantes, quieren ir a clase, quieren estudiar. cuando a un alumno o a un profesor le dan la opción de no ir a clase un día, no la acepta, porque consideran que su deber y su responsabilidad es acudir al aula. Y, evidentemente, lo que el estado puede ofrecer a la educación, para que siga siendo su bien más preciado, es su dinero y la financiación de proyectos, tecnología y recursos, tanto humanos como materiales. Por eso la educación en Finlandia es gratuita.

Y, ¿cómo afecta esta concepción de la educación al bilingüismo? Después de mi experiencia dentro de las aulas de dos colegios diferentes de Rovaniemi, puedo afirmar que el bilingüismo se vive desde dos perspectivas muy dife-rentes. La primera de esas perspectivas es la social. Por lo que pude compro-bar, la sociedad se divide entre aquellas personas que son conscientes de la importancia del bilingüismo y son perfectamente capaces de comunicarse en inglés; y aquellas personas que, por falta de herencia cultural, no han aprendido inglés y su comunicación es exclusivamente en finés. Sin embar-go, las nuevas generaciones y el sistema en general valoran la necesidad de un idioma internacional con el que poder comunicarse más allá de sus fron-teras. Además, en las raíces de este país está el bilingüismo entre el finés y el sueco. Así, desde sus orígenes, los finlandeses han convivido con dos idio-mas. Las nuevas exigencias internacionales han ido dando un giro del sueco al inglés para construir una herramienta más válida a nivel comunicativo. Por consiguiente, en la sociedad, se reconoce la relevancia del inglés y, aunque su producción es más complicada, la comprensión tanto oral como escrita es lo suficientemente buena.

Por otro lado, la segunda de las perspectivas, es la perspectiva escolar o académica. Los alumnos empiezan a estudiar inglés en el colegio en tercero de Educación Primaria (7 u 8 años), algo impensable en la vorágine bilingüe en la que estamos inmersos en España actualmente. Sin embargo, su pronunciación y su comprensión del idioma es prácticamente perfecta ya en 5° de Educación Primaria. En el colegio, no tienen asignaturas bilingües más que inglés como tal. Y, aún así, su nivel de inglés es muy superior al de nuestros alumnos.

¿Por qué? Porque la sociedad reconoce la importancia del inglés como vehículo de conexión entre culturas y le da uso día a día, fuera de las aulas. un niño en Finlandia enciende la televisión y ve las películas o las series en versión original. un niño en Finlandia ve que sus padres y maestros utilizan el inglés sin problema para comunicarse con gente por la calle o en las tiendas. un niño en Finlandia usa el inglés más allá de las aulas. Y esto es lo más importante que tenemos que aprender nosotros. Por ello, la perspectiva social y la perspectiva académica deben ir de la mano en todo momento, generando un contexto de naturalidad del idioma que elimine todo lo artificial que pueda tener a primera vista.

Y aterrizando de nuevo en mi viaje por el bilingüismo, quiero lanzar una lanza a favor del sistema educativo español. Y es que aquí estamos haciendo muchas cosas bien dentro de los colegios. Hay muchos profesores que hacen un trabajo brillante. He visto aulas en Rovaniemi y veo aulas aquí cada día. Y sin un ápice de duda afirmo que hay cosas que hacemos mucho mejor aquí que en Finlandia. Y es justo que lo reconozcamos y lo valoremos. Y volviendo a esa comparación entre España y Finlandia concluyo que jugamos en ligas muy diferentes. Las divergencias culturales imposibilitan una comparación en igualdad de condiciones. Y como titulaba Antonio J. Sánchez (21 de enero, 2015) en un artículo en Medium en español, «España no es Finlandia».