El movimiento libre

Todo empezó cuando estudiando el Grado de Maestro en Educación Infantil en las aulas del Ces Don Bosco, descubrí el método del movimiento libre, llevado a cabo por Emmi Pikler en Lóczy, su escuela en Budapest (Hungría).

Pasado unos años, llegó el gran reto de elegir temática para el trabajo de Fin de Grado, y decidí tratar la importancia del movimiento libre en el desarrollo psicomotor del niño. Además, hablé de los múltiples beneficios del mismo en los niños prematuros.

Como refleja Rousseau, la capacidad de movimiento corporal es la expresión primera de la libertad del hombre, por lo que, en este pequeño artículo, quiero dar a conocer lo esencial que es para los pequeños, vivir en un ambiente en que se les permita experimentar su propio desarrollo psicomotor, siempre a su ritmo.

Un adecuado desarrollo psicomotor, implica una buena relación de la mente y sus conocimientos, con una exteriorización de los mismos por medio de la acción.

La libertad a la que me refiero, es una libertad que "conduce al descubrimiento, a la independencia, a la creación" según Lora Risco (1991, p. 18-19) y que nosotros como maestros debemos promover desde el nacimiento. Sabemos que existe algo determinante y fundamental en el desarrollo del ser humano: la gran la plasticidad cerebral que se posee durante la infancia. También conocemos que existe un período crítico y que, tras el mismo, el cerebro no se encuentra tan moldeable.

El enfoque de Emmi Pikler, el movimiento libre, trata de evitar la actitud intervencionista por parte del adulto, con el fin de que los niños sean parte activa de su propio desarrollo. De este modo, será posible una mejor consecución de cada una de las adquisiciones que el niño realice, gracias a que el papel que desempeña es autónomo.

Como adultos (en este grupo entran tanto padres, como maestros o adultos que rodeen el niño), debemos respetar a los pequeños, y proporcionarles un entorno seguro, libre de obstáculos, y provisto de los materiales necesarios SIEMPRE adaptados a su edad y momento madurativo. Debemos ofrecernos a ellos.

Y bien...

¿Qué conseguimos con todo esto? ¿Cuáles son los beneficios?

La respuesta, la encontramos aquí: Respetando el ritmo de las adquisiciones del niño, se forma una BASE SÓLIDA que proporciona al niño un DOMINIO REAL de todos sus aprendizajes. Se aumenta su autoestima al ser consciente de sus propios logros, y el concepto de sí mismo va creándose, por lo que sus ventajas son innumerables.

Llegado este momento me toca lanzar una propuesta a los maestros de Educación Infantil, y todas las personas que trabajan en el ámbito educativo:

¿Por qué no crear una escuela en la que nuestros niños sean libres para experimentar, para pensar, y aprender por sí mismos? ¿No es, en definitiva, el fin último de nuestra profesión?

Nuestra labor es guiarles, y, la de ellos, descubrir el camino.

 

Referencias: Lora Risco J. (1991). La educación corporal. Barcelona: Paidotribo