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Me llamo Marta, tengo 29 años y me gradué en el CES Don Bosco en el año 2012 como Educadora Social

Durante ocho años he trabajado como educadora en centros residenciales con personas con enfermedad mental. Allí aprendí mucho acerca de lo que mi vocación significaba. Al final lo único importante son las personas, ellas, sean cuales fuesen sus situaciones deben ser sujetos activos en su proceso personal, tomar decisiones y poder vivirlo acompañados si así lo desean. La educación social versa de acompañar procesos, personas, del modo en el que cada persona elija, más allá de las decisiones que las instituciones toman por ellos al margen de sus deseos y voluntad, nosotras debemos ser semilla de algo diferente dentro de este sistema alienante de atención social.

Más allá del trabajo concreto, trato de estar siempre cerca de las personas, mejorando mi formación para poder atender mejor las demandas que se me puedan hacer y comprendiendo lo que cada persona necesita según su momento vital o de desarrollo. Buscando ser persona con personas evitando el juicio y el sesgo de los diagnósticos y prejuicios.

Cuando me planteé seguir estudiando y hacer Educación social valoré varias universidades. La primera que iría a visitar sería el CES Don Bosco, la realidad es que no llegué a ver ninguna otra, había encontrado una universidad acogedora, sencilla y cálida. Era justo lo que buscaba, poder sentirte como en casa en un proyecto tan importante para mí, como el cursar mi carrera, era lo primero.

Si tengo que buscar un “pero” a lo largo de mis años en el CES es la valoración que tiene la Educación Social. A veces, supongo que por ser antiguamente una carrera de minorías, nos hemos sentido poco valorados y reconocidos en nuestra titulación, quizá un tanto en la sombra frente a magisterio, aunque en realidad son dos líneas de actuación que tendrían que ir de la mano en la práctica profesional.

Si busco en la raíces de la historia de nuestros fundadores (San Juan Bosco, San José de Calasanz...) encuentro que la educación que ellos daban era integral, atendían a la persona y estaban al servicio de ella y no precisamente de las mayorías, sino en las periferias, en la calle, cerca del empobrecido, sin duda ser educadora en cualquier ámbito merece mi más sincera admiración.

Posteriormente he cursado un postgrado no universitario sobre intervención familiar sistémica. Y sigo buscando nuevos horizontes formativos que me complementen y ayuden a ser mejor persona y profesional.

Animaría a toda persona que trabaje con personas y le apasione su labor, a realizar mi carrera. A veces es difícil como policía, profesor o médico dar una atención y respuestas adecuadas si no conoces un mínimo sobre las necesidades de las personas según su estadio vital, etapa de desarrollo, características personales, físicas, emocionales determinadas, etc. Desde la educación social se puede complementar cualquier profesión centrada en el otro. Nos da una visión general del mundo, de los procesos, de la psicología y todo ello ayuda a que sepamos conocernos mejor y adaptarnos mejor al otro y no al revés.

Además cuenta con grandes referentes en la enseñanza y saberes muy prácticos y aplicables al desarrollo personal y profesional.