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Prácticas en una escuela rural: reto y responsabilidad

Pilar Rodilla Fragas, estudiante de cuarto curso de Grado en Educación Infantil en nuestro Centro, ha decidido realizar sus prácticas en una escuela rural, un entorno diferente del que estamos acostumbrados en la ciudad.

Realizado a través de la Fundación Princesa de Girona, el proceso de selección de «Generación docentes» es una experiencia única. Los estudiantes seleccionados disfrutaron de tres talleres innovadores con ponentes excepcionales en los que aprendieron y pusieron en práctica competencias como la creatividad, la toma de decisiones, la resolución de problemas, el pensamiento crítico o el trabajo en equipo. Un aprendizaje que compartieron con otros estudiantes que también aspiran a ser docentes transformadores.

Pilar ha seguido ese proceso de selección, indicando cuál es, según su criterio, el valor que le diferencia de otros candidatos y donde también ha tenido la posibilidad de demostrar sus aptitudes y actitudes como futura maestra.

Tras el proceso de selección, 30 futuros maestros (de más de 300 candidaturas) fueron elegidos para realizar las prácticas en centros rurales de referencia en Aragón, Extremadura y Galicia.

Pilar Rodilla Fragas, prácticas rurales

Antes de incorporarse a su destino de prácticas en Esparragosa de la Serena (Badajoz), hemos conversado brevemente con ella.

¿Qué te motivó a presentarte a "Generación Docentes”?

Al realizar las prácticas de tercero me di cuenta que las que eligiera al año siguiente tenían que ser unas prácticas diferentes. Por supuesto que me queda muchísimo por aprender de una escuela en el centro de la ciudad, pero quería que me enseñara cosas que todavía no había tenido la oportunidad de probar.

Mi primera opción iba a ser en el extranjero, en un país nórdico, tan referente en la educación. Pero me salió por Instagram la oportunidad de apuntarme a este proyecto y sin duda, lo hice.

Es cierto que al principio no tenía esperanzas de que me cogieran porque éramos muchos y había muy pocas plazas, pero conforme fui pasando las fases e íbamos haciendo cursos, me di cuenta de que verdaderamente quería esto. Al fin y al cabo, somos 30 futuros docentes que queremos cambiar la educación y la Fundación nos prepara para ello; para dar ese vuelco a la enseñanza que nuestro país tanto necesita.

¿Un gran reto y una gran responsabilidad?

¡Sin duda! He de decir que, aunque tengo muchísimas ganas de empezar y de ver qué me depara esta nueva experiencia, también tengo cierto miedo.

Me inquieta no saber adaptarme al pueblo, no estar a la altura que se me exige en el colegio, no saber cómo poner en práctica todo lo aprendido durante estos 4 años… Porque, aunque en las prácticas de estos años he aprendido mucho, no sé cómo es el ritmo de trabajo allí, si es parecido, compatible con lo que ya he aprendido, si voy a tener que cambiar mi forma de ver el aula, etc.

Somos 30 futuros docentes que queremos cambiar la educación y la Fundación nos prepara para ello

Es un gran reto, pero sé que se me va a abrir una puerta muy grande y que voy a crecer mucho tanto a nivel profesional como también personal.

¿Qué tipo de aprendizaje esperas obtener al ser un entorno distinto al de la ciudad?

Un aprendizaje totalmente diferente. Más cercano y centrado en la persona y no tanto el hecho de profesor-alumno como dos figuras incompatibles a nivel personal.

Una de las cosas que más me llama la atención, y que tengo más ganas de aprender, es el aula multigrado. He estado en colegios que, en un aula con niños de la misma edad pero diferentes niveles, el profesor no sabía cómo abordarlo. Y la verdad que, a día de hoy, no me imagino cómo dar una clase con niños de 3,4 y 5 años a la vez. Estoy deseando aprenderlo.

Estoy segura que voy a aprender de muchas situaciones que todavía no conocía para mi futura aula, y ese es mi objetivo.

 

Desde el Centro Universitario Don Bosco le deseamos lo mejor en sus prácticas rurales y nos emplazamos para hablar tras su experiencia.

Pilar Rodilla Fragas, prácticas rurales