Las fuentes de información en los trabajos académicos y de investigación

¿Estás preparando tu Trabajo Final de Grado o de Máster? ¿Tu Tesis de Doctorado?

Debes saber entonces que la fase inicial del proceso de investigación es conocer en qué estado se encuentra el tema que va a ser objeto de tu estudio. ¿Quiénes han investigado sobre él? ¿Qué han descubierto? ¿Hasta dónde han llegado? ¿Qué falta por resolver y cuál puede ser tu aporte innovador?

Para ello es fundamental un proceso serio de investigación bibliográfica y documental que te lleve a las fuentes de donde han partido diferentes investigaciones sobre el tema con diferentes resultados complementarios.

En este artículo descubrirás el camino a seguir para aprovechar todas las fuentes, acceder a ellas, saber clasificarlas y utilizarlas para marcar, con tu trabajo, rutas innovadoras.

1.El investigador no puede iniciar su labor sin el conocimiento previo de las fuentes

[Educación y Futuro, 33 (2015), 15-32]

Cualquier trabajo de investigación que se precie como tal, y en el nivel que sea (Trabajo de Fin de Grado o Máster, Tesis Doctoral, redacción de libros, etc.), debe tener en cuenta el uso de determinados instrumentos de trabajo para alcanzar la información necesaria al autor. Los distintos manuales de metodología de la investigación , publicados para guiar al investigador hacia su propósito, incluyen una fase inicial en todo proceso investigador que, con uno u otro nombre, se refiere a la necesidad que tiene el estudioso de conocer en qué estado se encuentra el tema que va a ser objeto de estudio. Para ello, inicia la fase de investigación bibliográfica y documental, con el fin de obtener la información que precisa, buscando el material y compilándolo para, después, extraer de él lo que necesita. El investigador comienza su trabajo manejando aquellas fuentes que sabe que le servirán para conocer el estado de la cuestión. Pero además de serle útiles en esa fase inicial, las fuentes le servirán, a lo largo de la investigación, para controlar y aprovechar las aportaciones que vayan produciéndose y para completar y profundizar más en sus progresos. El investigador no puede iniciar su labor sin el conocimiento previo de las fuentes; su trabajo de investigación le llevará a la búsqueda y localización de lo que le interesa. La importancia del uso de las fuentes para el investigador es tal, que desde el comienzo de su investigación se debe plantear el problema de su accesibilidad, determinando claramente dónde son accesibles, si son fácilmente accesibles y si está capacitado para manejarlas.

2. Problemas terminológicos y conceptuales

Cabe decir que son escasos los trabajos exhaustivos e independientes que afronten la difícil tarea de definir y caracterizar las fuentes de información. Gran parte de las aportaciones hechas en este sentido únicamente presentan una enumeración de fuentes acompañadas por una breve caracterización y, en algunas ocasiones, de un pequeño comentario histórico. Estos listados de fuentes no siempre se revisan y actualizan, con el consiguiente riesgo de perder interés para los usuarios. Son aportaciones muy útiles pero que no ofrecen una visión general referida a qué se entiende por fuentes de información, a su caracterización y a su tipología. De cualquier forma, existen dos ámbitos científicos en los que éste ha sido un tema de interés: el de la Metodología de la investigación y el de la Biblioteconomía y Documentación. En uno y otro, se han estudiado las fuentes de información como instrumentos de trabajo de uso indispensable para poder alcanzar la información que necesitan investigadores y usuarios de centros de información.

2.1. El término

El primer problema que se plantea a la hora de definir qué son las fuentes de información es el del término. En nuestra lengua, aparece acuñado como tal y referido al campo de la Biblioteconomía y Documentación en 1957, en el libro de Josefa Emilia Sabor titulado Manual de fuentes de información. La autora, aunque no da una definición de fuentes de información, ofrece un extenso y detallado trabajo de las que pueden considerarse como tales, o al menos de las más significativas y de las más utilizadas en las bibliotecas para satisfacer las necesidades informativas de sus usuarios. Y lo hace en la línea de otros autores que habían escrito o escribirían en otras lenguas sobre las fuentes o sources, aunque aplicando estos términos no tanto a sus correlativos de información o information sino, sobre todo, a los términos referencia o reference, limitando el objeto de estudio a un tipo específico de fuentes. Sabor sólo utiliza el término en el título de su obra, ya que, en su desarrollo, utiliza otros tales como obras de referencia, repertorios, fuentes de consulta o fuentes de referencia para referirse a las principales herramientas de trabajo de un tipo específico de profesional de la información como es el referencista. De igual manera, por poner otro ejemplo, Ario Garza Mercado (1999, p. 18) utiliza el término pero en ningún momento define de qué se trata. Sí es cierto que determina las tres categorías de materiales que va a recoger en su obra y que son: «obras de consulta» (enciclopedias, diccionarios, directorios, recopilaciones estadísticas, atlas, cronologías, bibliografías, índices y resú-menes), «monografías y antologías» y «anuarios, revistas y materiales afines a las tres categorías». De cualquier forma, el término fuentes de información, en su uso más genérico, se ha acuñado definitivamente en nuestro país desde hace tiempo. No sólo lo encontramos en títulos de manuales sino también de asignaturas dirigidos a la formación de futuros profesionales de la información. También el término se utiliza habitualmente en el campo de la Metodología de la investigación científica. Se trata de un término compuesto por dos elementos yuxtapuestos que cuentan independientemente con una gran carga semántica. El Diccionario de la Real Academia Española de la lengua ofrece dos acepciones de la palabra fuente que podrían servirnos para interpretarlo: «Principio, fundamento u origen de algo.../Material que sirve de información a un investigador o de inspiración a un autor». Para el término compuesto fuentes de información da dos significados: «Confidencias, declaraciones o documentos que sirven de base para la elaboración de una noticia o reportaje periodístico/Personas que emiten esas declaraciones». Es cierto que se trata de un término muy genérico, pero que, al menos en los dos sectores de los que venimos hablando, se ha identificado con un significado muy concreto: recursos necesarios para poder acceder a la información y al conocimiento en general. Y en el campo de la Biblioteconomía, más concretamente, se aplica englobando a todos aquellos instrumentos que maneja o crea el profesional de la información para satisfacer las demandas y necesidades informativas de los usuarios de cualquier unidad informativa (archivo, biblioteca o centro de documentación).

Desde hace algunos años, y por influencia del uso de las tecnologías, se utiliza como sinónimo el término recursos de información, que no ha conseguido reemplazar al clásico de fuentes de información. Así lo justifica Ayuso García (1999).

2.2. El concepto

Podríamos decir (parafraseando una de las definiciones que nos da la RAE del término fuente) que fuente de información es todo principio, fundamento y origen de información. Evidentemente éste es un concepto muy amplio, por eso, creemos que es más apropiado partir de un contexto concreto como pueda ser el de las dos disciplinas a las que nos venimos refiriendo y decir que por fuente de información entendemos todo recurso (institución, documento o persona) que proporciona la información requerida por cualquiera. Los manuales al uso así lo reflejan. Carrizo Sainero (2000, pp. 31-33) identifica las fuentes de información con «medios y procedimientos propios para localizar y distribuir la información» o con «instrumentos de trabajo con plena autonomía... que permiten conocer los materiales que se necesitan para engrosar un fondo bibliográfico o para cubrir la demanda de información de un usuario». Martín Vega (1995, p. 32), por su parte, entiende por fuente: «Todo vestigio o fenómeno que suministra una noticia, información o dato» como instrumento de trabajo. Establece una estrecha relación entre fuente y documento y asegura que el objetivo fundamental de las fuentes de información es el de la localización e identificación de documentos.

Romanos de Tiratel (1996, p. 18) las define, «desde el punto de vista de la bibliotecología», como «la suma de elementos disponibles que contienen un conjunto de símbolos con la capacidad de significar, registrados en cualquier soporte, con el potencial de poder recuperarse para satisfacer una necesidad de información del usuario de la biblioteca».

Por otra parte, en la bibliografía al uso, dentro del ámbito de la Biblioteconomía y la Documentación, se han dado dos grandes confusiones a la hora de determinar el concepto de fuentes de información. Por una parte, está la de haber identificado éstas con las obras de referencia, que son un tipo de fuentes de información de carácter documental utilizadas habitualmente en el servicio de referencia de los centros de información para atender las demandas informativas de sus usuarios. Por tanto, no todas las fuentes pueden considerarse como obras de referencia, aunque, como ellas, sirvan para cubrir necesidades informativas. Lo que identifica fundamentalmente a las obras de referencia es su carácter de instrumentos de trabajo en los servicios mencionados.

Otra de las confusiones habituales es la de relacionar las fuentes de información con una disciplina llamada Bibliografía. Esto se debe a una tendencia, encabezada por Beaudiquez (1989), que amplía los límites de la Bibliografía como ciencia incluyendo en su seno a las fuentes de información y concediéndole el carácter de disciplina que permite la búsqueda global del documento y la información. En esta misma línea se encuentran Such y Perol (1987) y Prévoteau y Utard (1996), quienes hablan de «bibliografía», aunque aplicándole distintos calificativos: «científica», en el primer caso, y «general», en el segundo. En ambos trabajos, se utiliza el término para referirse a las fuentes que hemos dado en llamar obras de referencia. Ninguno de ellos utiliza la expresión fuentes de información sino la de bibliografía, y más concretamente la de obras de referencia, refiriéndose a instrumentos (outils documentaires, outils bibliographiques) de trabajo indispensables en cualquier búsqueda informativa. Pero el objeto de estudio de ambas disciplinas es distinto, ya que, mientras que para la Bibliografía es el estudio de la historia y de la elaboración de los repertorios bibliográficos (las bibliografías), para las fuentes de información, en el seno de la naciente ciencia de la Documentación, lo es el estudio de todo tipo de documentos en cualquier soporte y de todo aquello que proporcione información, se haya creado con tal fin o no (personas, instituciones y documentos). A la Bibliografía no se le debe atri-buir el estudio y análisis de aquellas fuentes que no son bibliográficas.

Por todo lo visto, se puede concluir diciendo que, con el genérico y amplio término de fuentes de información, se conocen todos aquellos instrumentos y recursos que sirven para satisfacer las necesidades informativas de cualquier persona, se hayan creado o no con ese fin y sean utilizados directamente o por un profesional de la información como intermediario. Por lo tanto, se puede afirmar que el principal rasgo característico de las fuentes de información en su conjunto es el de su utilidad. Son útiles para cualquier persona que cuente con una necesidad informativa y desee satisfacerla; para investigadores, profesionales de la información y público en general, fundamentalmente para los segundos, ya que conociéndolas y sabiéndolas manejar pueden resolver, o ayudar a hacerlo, cualquier necesidad informativa de sus usuarios. Son esenciales en cualquier proceso de búsqueda informativa. Satisfacen todo tipo de demanda, adecuándose a ellas con una variedad que las hace ser imprescindibles como instrumentos de trabajo o recursos informativos en cualquier búsqueda o necesidad informativa.

3. Distintas tipologías de fuentes de información

No existe una tipología uniforme y comúnmente aceptada de fuentes de información. Los tipos de fuentes varían según las disciplinas y también el orden en el que se han de consultar. Algunos teóricos de la Biblioteconomía, profesionales de servicios de referencia, han analizado los distintos tipos de demandas informativas que pueden darse en una biblioteca, ofreciendo una tipología que sirve para conocer los distintos tipos posibles de información que pueden satisfacer las fuentes, y no sólo en esos centros. Es cierto que en el ámbito de la Biblioteconomía y la Documentación y, fundamentalmente, con una finalidad académica y para hacer más comprensibles los contenidos a exponer, los manuales publicados en España como apoyo a la enseñanza de recursos y fuentes de información nos ofrecen algunas tipologías que pasamos a exponer. La diferencia fundamental que existe entre los tres manuales que se van a comentar es que los dos primeros únicamente hablan de fuentes de información documentales, mientras que el tercero contempla la existencia de otras fuentes no documentales: las personales y las institucionales. A continuación exponemos brevemente estas clasificaciones, quedándonos únicamente en los criterios, sin detallar los distintos tipos de los que hablan los autores.

3.1. Los antecedentes

En el primer manual que se publicó en España sobre esta materia, Carrizo Sainero (2000) presenta, en el capítulo I y tras definir qué entiende por fuentes de información, un epígrafe titulado «Clasificación de las Fuentes de Información bibliográficas». Llama la atención que, tras clasificar las fuentes de información según la diversidad de medios de transmisión de la información en documentales y bibliográficas, asocie las primeras a la investigación histórica y se centre exclusivamente en las segundas, que son las que ofrecen información en un documento y están relacionadas directamente con los libros. Estas fuentes las clasifica atendiendo a los siguientes criterios:

  • El soporte o medio en que se transmite la información.
  • La facilidad de acceso al contenido.
  • El nivel de información que proporcionan.
  • La posibilidad/facilidad de acceso a las fuentes propiamente dichas.

Un año más tarde, se publica el segundo manual sobre la disciplina. En él, Martín Vega (1995, p. 61) ofrece lo que llama «Ensayo de una tipología documental» en un apéndice del capítulo II (dedicado a las monografías y a las publicaciones seriadas). El autor, después de hablar de lo que caracteriza a los documentos primarios, secundarios y secundarios refundidos (terciarios) incluye una «relación de clases documentales», no sin antes advertir que se trata de una propuesta orientativa y provisional para alcanzar cierto acuerdo en el ámbito docente, ya que «pocas clasificaciones consiguen un consenso que resista al paso del tiempo y se salvan de dar pie a la discusión». La exhaustiva relación de tipos y subtipos documentales que presenta se basa en la combinación de distintos criterios: «clase de información (primaria, secundaria), acceso al documento (literatura gris), soportes de la información (librarios, especiales) y campos del conocimiento (divulgación, humanida-des, ciencias sociales, ciencia y tecnología)».

3.2. Una nueva tipología

En el tercer y último manual publicado sobre el tema, Villaseñor (1998) dedica un capítulo a hablar de asuntos conceptuales respecto a las fuentes de información. Bajo el epígrafe «Determinación de una tipología», asegura que no existe, hasta ese momento, una tipología unificada respecto a las fuentes de información y que la necesidad de conocer las distintas posibilidades informativas que ofrecen hace que se analicen en su trabajo algunos criterios válidos para determinar los tipos de fuentes de información existentes. Estos criterios no son los únicos posibles aunque sí pueden servir para conocer la amplia gama de recursos informativos que se pueden considerar como fuentes de información. Los criterios que ofrece son:

  • Por la procedencia y origen de la información (personales, institucionales y documentales).
  • Por el canal utilizado para transmitir la información.
  • Por la cobertura geográfica.
  • Por el grado de adecuación de la información que ofrecen.
  • Por el tipo de información que ofrecen.

De todos estos criterios que se complementan, la autora asegura que se debe destacar el primero, es decir, el de la procedencia u origen de la información, porque es el que realmente determina la tipología de las fuentes, mientras que los restantes sirven para caracterizarlas. Esto valdría para aclarar la confusión conceptual y terminológica que se ha dado y da entre algunos autores, descartando lo que dice, por ejemplo, E. Reboul (1980, p. 15), cuando afirma que «personas, colectividades y documentos de referencia constituyen lo que se llama fuentes documentales». Evidentemente, no es así. Es cierto que las fuentes documentales han sido las más estudiadas en el ámbito de la Biblioteconomía y la Documentación, e incluso las únicas estudiadas en la mayor parte de trabajos publicados en distintas lenguas sobre fuentes de información.

A continuación, presentamos una clasificación de las fuentes documentales, entendidas como fuentes que ofrecen la información fijada en un soporte del tipo que sea. Los criterios y tipos manejados, que se complementan, son:

Por la forma en que presentan la información:

  • de forma fraccionada, según distintos criterios de clasificación (por materias, alfabéticamente, sistemáticamente, cronológicamente...): enciclopedias, diccionarios, anuarios, repertorios biográficos, bibliografías, catálogos de biblioteca, etc.
  • de forma continua, ofreciendo la información según un desarrollo secuencial, aunque se pueda acceder a ella independientemente a través de los índices: tratados, manuales, colecciones de textos, guías, etc.
  • con imágenes, de forma que el texto sólo sirve para completarlas: catálogos de museos, atlas, mapas, etc.
  • de forma numérica, donde la información se presenta por medio de gráficos, tablas o listas: estadísticas, tablas matemáticas, etc.

Por el tipo de información ofrecida:

  • de información bibliográfica: bibliografías, catálogos, boletines de sumarios de revistas, listados de adquisiciones, etc.
  • de información biográfica: diarios, memorias, biografías, repertorios biográficos, etc.
  • de información geográfica: atlas, mapas, planos, sistemas de información geográfica.
  • de información cronológica: anuarios, memorias.
  • de información legislativa: códigos. - de localización: directorios, guías.
  • de información general: diccionarios, enciclopedias. etc.

Por el grado de remisión y originalidad, es decir, su contenido:

  • de carácter primario, que ofrecen la información original: monografías, artículos, revistas, literatura gris.
  • de carácter secundario, que remiten a fuentes primarias o que ofrecen la información original resumida o reelaborada: diccionarios, repertorios biográficos, bibliografías, etc.
  • de carácter terciario, que remiten a fuentes secundarias: bibliografías de bibliografías, guías y manuales de fuentes de información, guías de repertorios.

Por el grado de información que proporcionan:

  • las que proporcionan, por sí mismas, la información deseada y en el momento, con mayor o menor profundidad y detalle y con una presentación que permite su uso rápido y manejo fácil: directorios, diccionarios, enciclopedias, anuarios, repertorios biográficos, etc.
  • las que remiten a otras fuentes mediante referencias textuales: bibliografías, catálogos de biblioteca y de librería, boletines de sumarios de revistas, etc.

Por el soporte en que se presentan,

  • que puede ser papel, película, soporte informático (en línea o disco óptico), etc.

Por la difusión,

  • según la cual las fuentes documentales pueden ser de uso interno o restringido, estar publicadas o inéditas.

Por la materia de la que traten:

  • generales o especializadas.

Por la cobertura geográfica:

  • internacionales, nacionales, locales, etc.

Por la cobertura temporal (actualización):

  • según la cual, las fuentes documentales pueden ser retrospectivas o históricas, cuando no se actualizan, y periódicas o en curso, cuando lo hacen.

Por la ordenación dada a la información:

  • que puede ser alfabética, sistemática, por materias, cronológica, geográfica, mixta, etc.

Es evidente que algunos de estos criterios pueden combinarse, ofreciendo una variedad de tipos aún mayor.

Por su parte, las fuentes de información personales son personas o grupos de personas entre las que existe una relación generalmente profesional. Son fuentes que ofrecen información sobre ellas mismas y la actividad que desarrollan y lo hacen, originariamente, de forma oral, aunque después, en un estadio posterior, esa información pueda fijarse en un documento. De ahí la dificultad que se plantea al querer acceder a ellas. No pertenecen, pues, a sistemas documentales estructurados y son de gran importancia y utilidad para investigadores y profesionales de una determinada actividad.

Son fuentes de información personal, por ejemplo, el director de investigación y otros científicos que orientan al investigador en sus primeros pasos; también lo son todos aquellos expertos en una materia, que a veces forman grupos de trabajo (los llamados colegios invisibles). En la actualidad, Internet permite la posibilidad no sólo de conocer directorios de profesionales y asociaciones profesionales sino también la de participar en listas de distribución o grupos de noticias, que se han extendido mucho en esta gran red. Esto permite no sólo conocer a otros profesionales del tema en el que se trabaja sino también poder conocer sus últimas líneas de investigación y participar en debates. Son una fuente de información de gran valor para compartir información, permitir la comunicación interprofesional, acceder a información formal e informal, satisfacer una necesidad de información en cualquier lugar del mundo y en poco tiempo, establecer relaciones con colegas, conocer información actual, etc. El problema que plantean es el de su control. Las formas más habituales de conocer su existencia son la recomendación de un colega o las revistas especializadas. Para conocer las listas que existen se deben emplear directorios y buscadores de listas. Existen servidores que albergan listas y que suelen pertenecer a instituciones científicas o académicas .

En cuanto a las fuentes de información institucionales, se puede decir que son instituciones que proporcionan información de interés sobre ellas mismas y la actividad que desarrollan u otras instituciones y temas. El acceso a la información que proporcionan no siempre es fácil; incluso las fuentes de información documentales que elaboran pueden ser de uso interno y restringido, difíciles de conseguir. Las hay de carácter público y privado; gubernamentales, académicas, culturales, económicas; de cobertura internacional, nacional, autonómica, regional, local; de temática general o especializada, etc. De todas ellas, debemos destacar las unidades informativas, es decir, los archivos, las bibliotecas y los centros de documentación. Estas fuentes institucionales no sólo ofrecen información sobre ellas mismas (organización, funcionamiento, servicios, actividades, etc.) sino que en muchas ocasiones la ofrecen sobre otras, desempeñando una función de reenvío que favorece satisfacer las necesidades informativas que no se han cumplido en su seno. La importancia de estas fuentes viene dada por la información que proporcionan sus fondos y sus servicios, que puede ser de todo tipo y estar dirigida a todo tipo de usuarios. Hoy, algunas de ellas están constituidas en red, agrupándose por intereses comunes: tipo de institución, titularidad, sistemas de gestión, cobertura geográfica, etc.

De todo lo expuesto, se puede afirmar que el investigador puede hacer uso de todos los tipos señalados. Una fuente de información de gran valor y de carácter personal es el director del trabajo de investigación así como todos aquellos estudiosos del tema con los que se debe contar, ya sea personalmente (entrevistas, correspondencia, congresos, etc.) ya sea a través de sus publicaciones, para conseguir no sólo orientación sino también información. En cuanto a las fuentes de información institucionales, cabe decir que son las bibliotecas, los archivos y los centros de documentación los que se convierten en principales escenarios donde el investigador, a través de sus fondos y sus servicios, puede encontrar la información que precisa o, al menos, la referencia para encontrarla.

También las fuentes de información documentales se constituyen en instrumentos de trabajo de indispensable uso, ya sean las de carácter primario tales como monografías, publicaciones periódicas y literatura gris, ya las de carácter secundario, desde una enciclopedia a una bibliografía o un catálogo de biblioteca; aunque cabe señalar que quizá sean las bibliografías las fuentes documentales más valiosas para el investigador porque le ponen al corriente de lo que ya se ha escrito sobre el tema objeto de estudio. El investigador podrá obtener la información de forma directa o indirecta. En el primer caso, la información se transmite directamente desde el que la emite hasta quien la recibe, mientras que, en el segundo, la información se obtiene gracias a un trabajo previo de documentación, es decir, de recopilación y análisis de fuentes. Por último, el investigador podrá hacer uso de las fuentes de forma manual o automatizada para acceder a información publicada, inédita o de uso restringido.

4. Componentes del ámbito de la referencia

Cuando hablamos del ámbito de la referencia, nos referimos a un espacio abstracto, de carácter teórico, aunque relacionado con un servicio bibliotecario, donde se da la interacción entre el usuario, el profesional y las fuentes de información en el marco de un servicio de consulta. En él, se pueden identificar los siguientes elementos:

  • Servicio de referencia.
  • Entrevista.
  • Tipos de preguntas.
  • Proceso de búsqueda informativa o documental.
  • Colección de referencia.
  • Evaluación de las fuentes de información.

Conviene advertir que el término referencia es la traducción impropia del inglés reference, que se usó por primera vez en el mundo anglosajón en 1871. Se refiere a la prestación, por parte de un profesional (referencista), de servicios de información y asistencia a usuarios de un centro de información.

4.1. Servicio de referencia

Por servicio de referencia, se entiende aquel que presta todo centro de información para suministrar información al usuario, orientándole en el uso de sus fondos, ayudándole a localizar y conseguir materiales que el centro no posee, aconsejándole en la selección de lecturas y bibliografía y enseñándole a manejar aquellos instrumentos de trabajo útiles para el estudio y la investigación. El término se ha acuñado en el campo de la Biblioteconomía aunque el servicio se preste también en otros centros de información como archivos o centros de documentación. Constituye el lazo de unión entre las necesidades informativas de los usuarios y el conjunto de fuentes que pueden satisfacer estas necesidades, se encuentren o no en el centro.

Se trata de uno de los servicios más importantes de los que se presta en cualquier unidad informativa y consiste en la asistencia personalizada al usuario acerca de la información que necesita, con el asesoramiento y ayuda necesarios para orientarle en su búsqueda informativa (no siempre sabe dónde y cómo encontrar lo que necesita o le interesa). Puede ser presencial y no presencial, este último también llamado servicio de referencia en línea. En esta modalidad, el usuario hace llegar sus preguntas al personal, que responde a su consulta a través de correo electrónico, formularios y chat o servicios de mensajería instantánea.

El servicio de referencia constituye el primer contacto entre el profesional y el usuario. A partir de ahí, el centro puede brindarle, entre otros, los siguientes productos:

  • Consultas de respuesta rápida.
  • Ayuda para el uso del centro.
  • Consultas bibliográficas.
  • Acceso al documento.
  • Información sobre novedades.
  • Difusión selectiva de la información.
  • Estudios de usuarios.

4.2. Entrevista

Es la manifestación más evidente de la interacción entre el profesional (referencista) y el usuario. Se lleva a cabo para determinar, a través de preguntas, las necesidades precisas de información del mismo. Puede ser presencial o no presencial. Ese profesional es el que guía, el mediador entre las necesidades de información y las fuentes. Entre sus funciones están: seleccionar y organizar las fuentes de información, organizar el servicio, evaluar el servicio y la colección, guiar al usuario, orientar al lector en la búsqueda de información, enseñarle la mejor utilización de las fuentes, aconsejar lecturas, elaborar documentos secundarios y formación de usuarios.

4.3. Tipos de preguntas

Algunos teóricos de la Biblioteconomía han estudiado los diferentes tipos de preguntas que se dan o pueden darse en un centro de información con el fin de determinar las fuentes de información que deben utilizarse para satisfacer las necesidades informativas de sus usuarios expresadas a través de esas preguntas. Algunas de esas tipologías se pueden encontrar en Villaseñor (1998). Resumiéndolas, se puede decir que las preguntas más frecuentes en un centro de información son, fundamentalmente, de tres tipos:

  • Preguntas referidas al centro.
  • Preguntas de respuesta rápida o inmediata, sobre cualquier tema.
  • Preguntas de información bibliográfica, que requieren una respuesta más pausada porque la búsqueda de la información es más compleja.

4.4. Proceso de búsqueda informativa o documental

Se refiere al procedimiento que se sigue para contestar las preguntas formuladas por los usuarios y/o recuperar la información requerida o necesitada. Se basa en el desarrollo de unas estrategias, más o menos sistematizadas , que contemplan, entre otras, las siguientes acciones:

  • definir claramente la finalidad de la búsqueda;
  • concretar lo que ya se sabe sobre el tema;
  • destacar los aspectos de interés;
  • señalar las relaciones que puedan existir con otros campos para evitar confusiones;
  • determinar el período que debe cubrir la búsqueda así como la/s lengua/s y el nivel y cantidad de información necesarios;
  • determinar los términos de búsqueda;
  • elegir la o las fuentes de información que interesan (evaluación).

Se trata de una sucesión lógica de pasos que es conveniente almacenar para futuras ocasiones.

4.5. Colección de referencia

Se trata del conjunto de obras de referencia. Según Sabor (1984):

En términos generales... una obra de referencia es aquella apropiada por sus objetivos, plan, ordenación y forma de tratar los temas para la consulta con fines de información, o la que remite a otras obras para conocer o ampliar un tema dado. Hay, pues, dos clases de obras que pueden ser llamadas con propiedad, de referencia:

  • las que informan por sí mismas: enciclopedias, diccionarios, repertorios biográficos, anuarios, etc.;
  • las que remiten a otras obras: bibliografías. (p. 199).

Son fuentes de información que cuentan con unas características particulares para ser usadas en el servicio de referencia.

4.6. Evaluación de las fuentes de información

Se trata del proceso que permite estimar las ventajas e inconvenientes, prestaciones y deficiencias de las fuentes de información según unos criterios determinados (por nosotros o por otros). Pueden servirnos de orientación y ayuda las reseñas que aparecen en revistas especializadas y catálogos de librero o las descripciones que se aportan en guías de obras de referencia o de fuentes de información.

Algunos recursos (electrónicos o en soporte papel) nos ofrecen listas de criterios a aplicar. Algunas de ellas pueden utilizarse para evaluar todo tipo de fuentes y otras sólo a las fuentes de información documentales. En relación con estas últimas, los criterios más utilizados son:

Externos o formales:

  • Título.
  • Formato:
    • Si es papel: encuademación, papel, tipografía, calidad de ilustraciones y relación con el texto, indicaciones en el lomo, peso y tamaño.
    • Si es soporte informático: relevancia (contenido y expectativas); accesibilidad (diseño, estructura y organización, forma de acceder); calidad de la escritura; formato, apariencia; mantenimiento; interfaz de usuario; navegación, enlaces, etc.
  • Actualización.

Internos o de contenido

(Algunos se pueden aplicar a cualquier tipo de formato y otros son específicos del formato):

  • Alcance (finalidad, coberturas temática, geográfica, cronológica, lingüística).
  • Originalidad.
  • Relación con la colección (nueva edición, otro soporte, complementa- riedad).
  • Fiabilidad.
  • Exhaustividad.
  • Autoría (prestigio de autores, editores literarios, colaboradores o editorial).
  • Precisión, objetividad.
  • Actualidad.
  • Aplicabilidad y contenidos.
  • Ayuda al usuario.
  • Críticas.
  • Disponibilidad.
  • Accesibilidad, usabilidad, legibilidad: rapidez con que se puede extraer la información (ordenación de la información, índices, referencias cruzadas).
  • Organización de la información (estructura).
  • Adecuación a las necesidades.
  • Estilo.

 

Referencias bibliográficas

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Cita de este artículo (APA, 6ª ed.):

Villaseñor Rodríguez, I. (2015). Las fuentes de información en los trabajos académicos y de investigación. Educación y Futuro: Revista de investigación apicada y experiencias educativas, 33, 15-32.