Si no eres un gran lector no puedes ser ni un mediocre escritor. Todo pasa por la lectura.

[Educación y Futuro Digital, 12 (2016), 133-144]

La escritora y profesora Rosa Huertas durante el día dedica miles de horas a que los muchachos y muchachas de su instituto se acerquen y disfruten de la literatura; por las tardes otras cientos de horas las dedicó durante años a mostrarles a los jóvenes estudiantes de magisterio fórmulas y recursos para trabajar el cuento, la poesía y el teatro en el aula de infantil. En sus días libres y en sus vacaciones escribe. Lo hace de manera febril, en los últimos años ha publicado seis novelas juveniles, cuatro novelas infantiles y dos libros dedicados al cuento y la poesía popular. A las dos profesiones se entrega con pasión, basta con escucharla hablar para percibir que su entrega es absoluta, que vive para la enseñanza y la escritura. Y además se divierte y gana premios, como el Alandar en 2010, Mandarache en 2011, o el más reciente, en 2015, de novela histórica de Cartagena.

Si no eres un gran lector no puedes ser ni un mediocre escritor. Todo pasa por la lectura.

Educación infantil, libros

Educación y Futuro: Hace poco más de un año recibía el Premio de la XVI edición de la Semana de Novela Histórica de Cartagena, ¿satisfecha?

Rosa Huertas: Es un premio que me ha hecho mucha ilusión porque es de la ciudad de Cartagena donde nació mi madre, y yo -aunque no lo sea de nacimiento-, me siento muy vinculada, con muchos amigos y familia allí. En la semana he estado en tres ocasiones pero nunca pensé que me fueran a dar el premio porque mis novelas están en editoriales juveniles y las que han ganado antes ninguna lo estaba. El año pasado fue Carmen Posadas con una novela sobre la revolución rusa, otra edición la ganó María Dueñas, todos los ganadores anteriores eran ajenos a los libros juveniles por lo que me sorprendió mucho.

EyF: ¿Le motivan los premios? ¿Son simples añadidos para alimentar el ego?

R. H.: Son una gran satisfacción porque es un reconocimiento y no siempre sientes que tienes ese reconocimiento, no siempre acabas conociendo a tus lectores y eso que yo hago muchos encuentros juveniles y tengo ocasiones en las que me dicen si les ha gustado mi novela o lo que más han apreciado. Pero con la novela de El Greco apenas he hecho y por eso me gusta el premio, es un reconocimiento fuera de lo habitual. Pero he de contar que yo me he presentado a muchísimos y he ganado muy pocos, a este último ni siquiera me presenté porque es a una obra publicada, pero yo todos los años me presento a alguno.

EyF: Supongo que también sirve como herramienta promocional.

R. H.: No especialmente. Me presento porque es la única manera de asegurarte de que han leído tu novela en la editorial. Yo me presento, por ejemplo, al premio Gran Angular y sé que no he ganado pero a las pocas semanas puedo escribir a la editora y preguntarle si le interesa publicar mi novela o no. Pero si la presento fuera del premio tendría que esperar mucho más, pueden alargar la respuesta porque te dicen que están leyendo o valorando las del premio. Así es una manera de que me lean.

EyF: ¿El resultado final se parece a lo que planificó cuando empieza una novela?

R. H.: En algunos casos sí y en otros no tanto. Depende de la novela, algunas se publicaron muy parecidas a como yo las concebí, aunque por supuesto que todas tienen muchas revisiones. Tuerto, maldito y enamorado se diferencia poco del primer original, mantiene la misma estructura, los capítulos; sin embargo, Theotocópuli. Bajo la sombra del Greco, sí que ha cambiado, la primera versión que yo terminé en junio no me gustaba y cambié toda la segunda parte y le di más importancia a otros personajes.

EyF: ¿Se cumplen las expectativas?

R. H.: No siempre. Con esta novela de El Greco yo esperaba más promoción por parte de la editorial, más encuentros con el público porque se publicó en el año del cuarto centenario de la muerte de El Greco, tuvo repercusión en algunos medios porque yo lo moví bastante, pero luego en centros, colegios y con lectores tuvo menos repercusión. Otras novelas que yo pensaba que no tendrían gran repercusión han funcionado muy bien con los lectores. La casa de los tesoros, por ejemplo, va por la sexta edición cuando siempre pensé que sería una novela más sencillita. Te sorprendes.

Educación infantil, libros

EyF: En sus novelas, con frecuencia, trae a la actualidad hechos y personajes históricos, dado que usted es profesora: ¿es que le puede el afán didáctico?

R. H.: De forma consciente no. Sí que es verdad que en todas mis novelas se nota que soy docente, quiero que aprendan al mismo tiempo que leen. Sé que eso no es muy literario pero siempre está ahí y me gusta mucho lo de combinar historias del pasado con el presente, sin olvidarme de los jóvenes lectores, sin resultarles muy ajena, y por eso lo de relacionar el pasado con algún suceso, algún misterio, del presente. En la de El Greco, la parte que transcurre en el pasado, que es la historia de su hijo, me gusta muchísimo más que el resto de la historia y, sin embargo, el resto de la historia tiene más peso. Yo dediqué mucho más tiempo, utilicé mucha más documentación, cuidé mucho más el estilo a la parte del pasado que a la del presente, que es una historia de misterio e intriga.

EyF: Hablando de documentación, ¿le dedica mucho tiempo antes de comenzar a escribir?

R. H.: Es un proceso paralelo. Cuando me pongo a escribir siempre tengo unos datos previos del personaje, tengo que saber, eso en ocasiones me ha obligado a investigar más porque el personaje era más desconocido. En el caso de El Greco no tanto porque es un pintor que me interesa muchísimo y ya había leído mucho sobre él. De todas formas, una vez que yo tengo una idea general sobre ese personaje y qué papel va a tener en la novela empiezo a escribir y me sigo documentando. Y eso me da sorpresas muy agradables. Así, por ejemplo, en la de El Greco descubrí algunos cuadros que tenían coincidencias con el cuadro que era central en mi intriga; con la novela de Lope (Tuerto, maldito y enamorado) yo descubrí un dato relacionado con él que yo al comenzar a escribir no sabía y que al conocerlo me dio el final de la novela y que era mucho más redondo que el que yo tenía previsto.

EyF: ¿Por qué sus personajes históricos salen del mundo de las letras y del arte?

R. H.: En todos hay una vinculación personal. En el caso de Miguel Hernández (Mala luna), por ejemplo, fue que yo conocí, porque era el padre de una amiga, a un compañero de celda del poeta en la cárcel de Alicante. Me contó algunos detalles de su convivencia, de cómo fueron sus últimos meses antes de morir, porque este señor era practicante, había pues una vinculación muy grande. En el caso de El Greco es que siempre fue un pintor al que yo le debía una novela; en la de Lope es porque me parece un autor muy completo, con una vida tan apasionante y una obra tan inmensa y, además, de una calidad tan increíble, que no hay más que ver cómo disfrutamos cuando vamos al teatro a alguna representación suya, que me resultó inevitable.

EyF: Sus novelas siempre están protagonizadas por jóvenes, ¿quiere que las lean sus alumnos del instituto?

R. H.: Claro. Para mí es mucho más asequible publicar en colecciones juveniles y además quiero hacerlo en ellas. Allí las novelas tienen más recorrido y además me gusta el público al que llegan, es la gente con la que yo me relaciono todos los días, paso más tiempo con chavales de 13, 14, 15, 16 años que con adultos, su lenguaje es el que más manejo, el que me acerca a ellos. También sé que si hubiese conseguido publicar una novela sobre El Greco en una editorial de adultos hubiese sido una novela muy perecedera, se habrían vendido 200 ejemplares y ahí se habría acabado la vida del libro. Sin embargo, sé que las mías seguirán leyéndose durante algunos años y alguna, Mala luna, por ejemplo, que es de 2009, se sigue leyendo. Dime alguna novela de adultos publicada ese año que se siga vendiendo a razón de 2000 ejemplares al año. Rarísimo. Y además me permite hacer encuentro con lectores, que me gusta muchísimo.

EyF: ¿Qué le aportan esos encuentros con los lectores?

R. H.: Muchas cosas, son muy sinceros, te dicen lo que les ha gustado y lo que no y ves que, hasta cierto punto, hay algunos que leen porque les ha gustado lo que tú has escrito, les has animado a leer. Es ilusionante cuando te dicen: "Es la primera novela que me he acabado". Es una enorme satisfacción crear lectores. O chavales que te dicen: "Ya le he dicho al profe que a ver si pone más libros como éste, y menos La Celestina". ¡Hijo mío! Si estás en Segundo de la ESO lo que tienes que leer es esto y no La Celestina.

EyF: Te adelantas a mis preguntas porque quería saber su opinión sobre las lecturas obligatorias en el instituto, sobre que los alumnos de Tercero de la ESO deban leer El conde Lucanor.

R. H.: Tengo muy fácil competir con El conde Lucanor. A mí me interesa hacer lectores y sé que si un chaval en el segundo semestre leyó El conde Lucanor y en el tercero mi novela, pues que disfrutó más con la mía. Lo que quiero es hacer lectores, aunque no sea de mis novelas.

EyF: Sigamos con más rasgos característicos de sus relatos. La intriga juega un papel fundamental, siempre hay un personaje a la búsqueda de algo, de alguna verdad.

R. H.: A cualquier lector hay que atraparlo desde la primera página y más al lector juvenil. Entre los chavales hay lectores que tienen un nivel de recepción lectora muy alto y que pueden leer mis novelas o cualquier cosa, pero hay otros a los que les cuesta más, por eso me gusta que haya una situación de partida en la que el lector tenga que descubrir algo para que se anime a seguir leyendo.

EyF: Otro rasgo: lenguaje muy cuidado pero sin perder sencillez.

R. H.: Es fundamental. Y cuando quiero añadir, buscar un estilo diferente más personal, recurro a la parte del pasado en las historias, donde me permito subir el nivel. Por eso, por ejemplo, en la de El Greco, la parte que cuenta la historia de Jorge Manuel Theotocópuli tiene un nivel más alto, juego más con el lenguaje, que sea más parecido a como podía ser en esa época, que al menos no suene a siglo XX, sino a siglo XVII, es ahí donde me reservo. De todas formas reviso muchísimo. Pero tampoco me siento atraída, ni me siento capaz de hacer una propuesta muy novedosa o muy diferente, mi estilo está dentro de la novela juvenil de calidad, que interesa también a los adultos.

E yF: Sobresalen sus diálogos muy ágiles, muy verosímiles.

R. H.: Claro, porque eso le da ritmo a las obras, prefiero que en vez de contarlo el narrador lo cuenten los personajes. Le da más viveza al texto y se lee con facilidad.

EyF: ¿La novela juvenil no permite nuevas formas y estructuras para el relato?

R. H.: No lo sé, yo no he encontrado ese camino. Sí es verdad que en los últimos años ha aparecido un fenómeno, lo que se llama literatura transmedia, pero tengo mis dudas. Por ejemplo, mi novela El blog de Cyrano, incluía un blog, que se puede consultar, en el que la protagonista va escribiendo unas cartas, un blog al que se alude y que el lector conoce y que sabe que ofrece más información, pero tuvo pocas visitas. Y otros autores que conozco que hicieron cosas similares, con página web en la que se continuaba la historia, tampoco fueron muy visitadas. Sorprende porque crees que ellos están tan conectados que irán rápido a internet y sin embargo no lo hacen.

EyF: ¿Cómo es la cocina de su escritura? ¿Cómo es el proceso desde el que surge la primera idea de sus historias?

R. H.: Antes de ponerme delante del teclado, tengo que tener la idea de lo que voy a contar, en algunos casos luego la cosa se ha desarrollado más, otras las he tenido claras desde el principio, incluso la estructura, pero nunca es ponerme a escribir a ver si me sale algo, porque no me sale nada. Incluso cuando me siento a escribir tengo que tener pensado ese capítulo, imaginados los personajes en la situación, más o menos el diálogo, aunque luego ocurran cosas que me sorprenden o digan algo que yo no tenía previsto. No improviso.

EyF: Cuando llega una idea ¿cómo sabe que es buena?

R. H.: Nunca lo sabes. Sí que me ha pasado que dejo algunas cosas empezadas, con 40 páginas, que pienso que no van a ninguna parte, otras veces vas por la 50, crees que está bien pero te entran las dudas, desconfías de si lo que tienes pensado valdrá para una novela pero a partir de las 100 páginas ya se acaban las dudas.

EyF: ¿No recicla textos creados para una novela, que luego descartó, para reutilizar en la siguiente?

R. H.: De momento no. Pero fíjate la próxima que publique era mucho más larga de lo que va a ser porque el editor me obligó a cortarla y he quitado fragmentos que me gustan, están ahí. Sí que no descarto que en algún momento los recupere.

EyF: ¿Se siente, en algún momento, condicionada por el género, por el hecho de dirigirse al público juvenil?

R. H.: Es lo que he elegido y no me importa. Me siento cómoda en el género y en las situaciones.

EyF: Magia, vampiros, distopías, ¿no le importan las tendencias, las modas?

R. H.: Nada, no me interesan nada las modas. Yo sólo me entrego si tengo una historia que debo contar, una historia que me apasione, independientemente de la moda. Pueden estar de moda los vampiros, los zombis, las cruzadas mágicas que a mí no me sale. No me importa no llegar a algunos lectores, no me voy a divertir si lo hago y yo escribo para disfrutar.

EyF: Uno de los defectos que se le suele poner a la novela juvenil es el exceso de didactismo, ¿a usted le puede?

R. H.: Es verdad, se da mucho, aunque no en mi caso. Yo de moralinas nada, todas fuera, pero lo que sí es cierto es que al ser novelas con un punto histórico y algún personaje literario pues ese punto didáctico a lo mejor lo tiene. Soy consciente de que a los profesores de Lengua de Secundaria les gustan muchísimo mis novelas porque al hablar de Miguel Hernández y Lope de Vega les sirve. Pero yo no las hice con esa intención, aunque me encanta que mis novelas les sirva para introducir a esos escritores.

EyF: ¿Ese excesivo didactismo se da por la escasa comprensión lectora entre los jóvenes, que necesitan se lo den mascado?

R. H.: No sé. Hay muchos niveles, depende de muchísimas cosas, hay centros donde el nivel de recepción es más alto que en otros, de las familias, de cuestiones personales. Lo que hay que respetar son esos niveles de recepción, algo que creo que no se hace bien en los colegios e institutos. Mientras que sí que está claro en Primaria, que es imprescindible ir saltando unas ciertas etapas y a cada una de ellas se le da un tipo de libro, en cambio en Secundaria parece que al profesor se le olvida. Entonces, tienen que pasar de leer Fray Perico y su borrico a La Celestina de golpe, sin nada por medio. Y eso es peligroso porque pueden acabar odiando la literatura. Creo que la buena literatura juvenil tiene que ser otro escalón por el que pasar antes de los clásicos, un chaval que es capaz de leer, no sé, Theotocópuli, después ya puede leer El Lazarillo. Tiene que pasar antes por la literatura juvenil y, además, que sea de calidad y ahí tiene que estar el profesor para elegir libros que les hagan crecer como lectores.

EyF: Y esto nos lleva hasta las tradicionales lecturas escolares obligatorias.

R. H.: Yo no soy contraria a las lecturas obligatorias siempre y cuando se cuiden bien. Por ejemplo, no puede ser que en Segundo de la ESO la lectura obligatoria sea La Celestina, pero un libro juvenil bien seleccionado, y de diferentes tipos, puede ayudar a ver qué tipo de novelas le gustan. Si nunca ha leído una novela de aventuras no puede saber que le gustan, si no ha leído una policíaca no puede saber si le engancha y si nunca ha leído un relato de terror pues no sabrá si le gusta pasar miedo o no. Si esas lecturas están bien elegidas, si son variadas, no hay problema. Y si están bien guiadas, claro. Porque esa es otra, hay que introducir los libros, hay que ver si tienen dificultades para esos chicos e intentar solventarlas. Por ejemplo, para los chavales de Primero de la ESO, los libros que transcurren en una época y en un espacio que no es el suyo, de entrada les cuesta, pero tienen que empezar a leer libros así, por eso hay que darles el marco espacio-temporal para que ellos sepan donde están, salvas ese escollo y disfrutarán de esa lectura.

EyF: Visita colegios, habla con adolescentes, ¿qué percibe con respecto a su relación con la lectura?

R. H.: Te contaba antes que en alguna ocasión me dicen eso de "ya le he dicho al profe que ponga más libros de estos" y es verdad. En Segundo El Conde Lucanor no los va a convertir en lectores.

EyF: Resuelva la duda de algunos profesores: ¿adaptaciones o el clásico con todas sus consecuencias? ¿Mejor leer El Quijote o la adaptación de Pérez Reverte?

R. H.: De todo un poco. Mejor que esperen bastante para leérselo completo. Yo me lo leí en primero de carrera, no creo que sea para Tercero de la ESO, y me lo leí muy a gusto pero creo que si me lo hubieran dado en el colegio habría sufrido.Pero al tiempo creo que deben conocerlos. A ver, vivimos en un contexto cultural en el que deben conocer El Quijote y a Cervantes, en su nivel, no está mal que lean algunos capítulos, o algún libro adaptado, es imprescindible que conozcan lo que significa en nuestra cultura.

EyF: ¿Por qué dejan de leer los muchachos al pasar de Primaria a Secundaria?

R. H.: Esa es la gran pregunta que nos hacemos los profesores de Secundaria, uno de los motivos es éste, que hacemos un salto mortal de libros infantiles sencillos a textos mucho más complicados. Pero hay otros, yo recuerdo que hace 15 años se decía que el enemigo de la lectura era la televisión, ahora son los dispositivos electrónicos. No leen porque están liados con la tablet, lo que ha cambiado son las ofertas de ocio, además son nativos digitales, su universo está ahí. Mi instituto es uno de esos llamados tecnológicos y en él varias asignaturas se trabajan en una plataforma digital, soy partidaria de que no todas se hagan a través de ella, que haya algunas que se hagan con libros, con papel, con el profesor, no creo que sea lo mejor hacer todo a través de una pantalla. Pero tenemos que recordar que ese es el mundo en el que viven.

EyF: ¿Leer hace escritores?

R. H.: Si no eres un gran lector no puedes ser ni un mediocre escritor. Todo pasa por la lectura.

EyF: ¿Cómo descubrió su vocación?

R. H.: Mi historia es muy triste. Empecé a publicar muy tarde, mi primera novela la publiqué en 2009, cuando ya tenía 49 años, yo me había rendido. Siempre me gustó mucho escribir, a lo largo de mi vida escribí cosas variadas, de los 18 a los 23 escribí muchísima poesía, toda horrorosa, muy mala, pero ahí está guardada, he escrito muchos cuadernos de viajes, he escrito diarios, algún relato, pero llegó un momento en que me rendí, en el que pensé que yo jamás iba a publicar nada porque lo que yo escribía ni estaba bien escrito ni iba a interesarle a nadie. Así que tenía principios de varias novelas guardadas en cajones, sabía que si lo terminaba debía hacer algo con aquello, pero me daba pavor, tenía un pudor enorme. Por ejemplo, La caja de los tesoros es lo primero que yo empecé a escribir cuando tenía 13 años, tenía parte de la historia, luego perdí aquellas hojas y cuando tenía 30 volví a escribirla. Igual que El blog de Cyrano, que estaba empezada pero no acabada, no tenía ninguna fe en mí misma, fue un proceso, tuvieron que cambiar muchas cosas en mi vida para que yo intentase acabar una cosa y publicarla. Me costó mucho.

EyF: Sus historias se intuye que tienen mucho de autobiográficas.

R. H.: Los héroes son mentira es totalmente autobiográfica, porque la escribí con mi padre durante los meses que estuvo enfermo antes de morir. En El blog de Cyrano, los primeros capítulos, también son bastante autobiográficos. Y en La casa de los tesoros, hay elementos, pero no toda la historia.

E.F: Alguna vez la he oído decir que en El blog de Cyrano Pablo, el personaje, es un antiguo novio.

R.H.: Sí, pero no se llama Pablo. Es muy gracioso porque ahora somos amigos pero cuando la iba a publicar le avisé que habría cosas que le sonarían. Él escribe poesía y antes de publicarlo siempre me lo manda para que le dé mi opinión y yo también le mandaba pero esa novela, que es la cuarta, no se la mandaba y él me preguntaba la razón, le decía que tenía que hablar antes con él, porque había cosas que le sonarían, el caso es que se la mandé una noche y a la mañana siguiente veo que tengo dos correos suyos, uno sobre las diez, de cuando le mandé el correo y otro de las 6 de la mañana. Se había encontrado y no pudo dejar de leer hasta terminar la historia.

E.F: ¿Busca referentes reales? ¿Está alguno de sus alumnos?

Educación infantil, libros

R. H.: Sí, hay muchos casos en que sí. En Tuerto maldito y enamorado hay varios personajes que eran alumnos míos en aquel momento, uno tal cual, Ricardo, que era el noviete de la protagonista. Ricardo existe, fui su tutora en primero y en segundo, conocía mucho a su familia. Y es que es así, con esas características, su padre me dijo que lo había clavado.

EyF: ¿Qué influencias reconoce?

R. H.: Muchas. Yo hice mi tesis doctoral sobre Joan Manuel Gisbert, autor de novela juvenil, que trata mucho los temas de misterio, con comienzos muy impactantes, y creo que le debo bastante a él. Y luego para mí hubo una novela que marcó mucho mi trayectoria, que es El cielo abajo, de Fernando Marías, que fue Premio Nacional 2006, me pareció maravillosa y yo pensé si alguna vez escribo algo tiene que ser como esto. Es una novela en la que se mezcla el presente y el pasado, Mala Luna le debe mucho.

EyF: ¿Tiene autores favoritos?

R. H.: Tengo muchos títulos, algunos me cambiaron mi forma de ver la lectura. Por ejemplo, me convirtió en lectora y lo sé perfectamente, el que cuando yo tenía 11 años a una monja de mi colegio, a pesar de que entonces la novela juvenil no entraba en las aulas, se le ocurriese - y nunca se lo agradeceré lo bastante-, poner como libro de lectura Celia en el colegio, de Elena Fortún. Yo cuando lo leí me asusté porque no estábamos acostumbrados a leer libros, sino libros de lecturas que eran fragmentos de diferentes obras o cuentos cortitos, nunca había leído uno de esos libros tan gordo. Me gustó tanto que durante bastantes veranos lo primero que hacía era releer Celia en el colegio. Y en él hay una frase que está en muchas de mis novelas, una frase que me parece maravillosa: "Las cosas que pasan al final se olvidan pero lo que está escrito es como si hubiera pasado siempre". Me quedé con esa frase y cada vez que me ocurría algo que me gustaba, o tenía un recuerdo hermoso, yo lo escribía. Y ese es mi principio como escritora, que no se me olvidaran las cosas que me habían pasado. Por eso en mis novelas hay muchos personajes que escriben para que no se les olvide lo que les ha ocurrido.

EyF: Hablaba de Celia, a mí me la descubrió Carmen Martín Gaite, me habló de ella antes de que fuera la adaptadora de la serie de televisión.

R. H.: Pues Martín Gaite es una de las escritoras que también me ha marcado, la leí todo y, fíjate, una de las cosas que lamento de haber empezado a publicar tan tarde es que nunca la pude dar ninguno de mis libros, yo la conocía, coincidíamos mucho, la iba a ver a la Feria del libro, me avisaba cuando daba alguna conferencia.

EyF: Recomiende tres novelas para lectores de menos de 18 años.

R. H.: Días de Reyes Magos, de Emilio Pascual; El cielo abajo, de Fernando Marías y una novela a la que le tengo un cariño especial, Los espejos venecianos, de Joan Manuel Gisbert.

EyF: Es profesora de instituto y de universidad, ¿cómo ve la enseñanza?

R. H.: Uf. Por donde empiezo...

EyF: Le ayudo: "Los chicos llegan cada día peor preparados", ¿lugar común o realidad?

R. H.: Posiblemente, pero hay de todo. Desde luego los alumnos buenos son mucho más completos ahora que antes, su ámbito de conocimiento es mucho mayor, los alumnos brillantes lo son especialmente. Lo que sí que ocurre es que la sociedad en general valora poco la cultura, la educación, y alumnos cultos no te encuentras tantos, quizá antes se valoraba mucho más, mientras que hoy triunfan otros valores que están alejados de la cultura, quizá ellos saben de otras cosas pero que a nosotros no nos interesan nada, lo que nos lleva a sacar la conclusión de que saben menos porque el mundo cultural que nosotros manejamos no es el mismo. Yo estos días en el instituto los de Segundo tenían que hacer una exposición oral del tema que quisieran y ha habido temas que sí que me han interesado, no sé sobre los egipcios, o Víctor Hugo, pero algunos han hablado de youtubers de los que yo no tenía ni idea, de redes sociales, de videojuegos, temas de los que yo no solo no sabía nada es que ni siquiera entendía de lo que hablaban, hubo unos explicando cómo se jugaba a no sé qué juego y no me enteré nada. Es probable que sus intereses vayan por otro sitio. Lo que sí que noto es que los valores culturales tradicionales han ido para atrás.
(El profesor y sociólogo Juan González-Anleo, presente en la entrevista, introduce un dato: "En el 2004 eran el 32% de los jóvenes, menores de 29 años, los que no habían leído ningún libro al año que no le hubieran mandado en el colegio; en el 2008, era ya del 42% y ahora mismo está en el 50%. Es decir, que tenemos más de la mitad de la juventud que no lee un solo libro al año").
Es que la oferta de ocio que tienen es muchísimo mayor, y encuentran cosas más atractivas que la lectura. ¿Más atractivo jugar con un videojuego que leer un libro? Sí, para ellos sí. Es que la oferta de ocio que tienen es muchísimo mayor, y encuentran cosas más atractivas que la lectura. ¿Más atractivo jugar con un videojuego que leer un libro? Sí, para ellos sí.

EyF: Si los niños no ven leer a sus padres difícilmente ellos van a leer.

R. H.: Es verdad. Pero también la escuela y el instituto pueden ayudar a hacer lectores. Yo he tenido casos de llegarte una madre y preguntarte si será bueno que su hijo se pase el día leyendo. Estaba asustada porque como todo eran libros de fantasía tenía miedo a que luego "tuviera ideas raras", me decía.

EyF: ¿Qué puede hacer el maestro y el profesor de Literatura para mejorar esos datos?

R. H.: Ofrecer libros que estén en el nivel lector de los alumnos que tiene; ofrecer variedad y cuando ponga lecturas obligatorias solventar las posibles dificultades que tengan. Leer en voz alta en clase está muy bien, sobre todo si son textos complejos, para aclarar dudas, para resumirlos entre todos. En casa un chico puede leer un relato de Poe y no entenderlo totalmente, pero si se debate en clase, si se hacen preguntas, si se recrean fragmentos, funciona. Otra cosa que debería estar prohibido es hacer exámenes de los libros, es totalmente inadecuado. Como tampoco sirven los típicos trabajos que se copian de unos a otros, eso no vale para nada, son preferibles actividades creativas a partir de la lectura, leer y crear.

EyF: ¿Cuál debe ser la formación del maestro?

R. H.: Pues primero tiene que leer él, no puedes mandar algo que no conoces bien; también es necesario que conozca la oferta, tiene que ir a bibliotecas, a librerías, ir a ferias de libro infantil. Para empezar eso. Y que sepan contar cuentos, que tengan un buen repertorio, diez o quince, pero que sean originales, no los de siempre. Un maestro que no sabe contar un cuento dónde va... Y pueden ser útiles, incluso para el profesor, esas tendencias de la red como el book-trailer y el booktuber, que los chicos los hagan de los libros que ellos leen, que consulten las recomendaciones de blogs que llevan chavales de su edad. Toda creatividad e imaginación es poca.

Cita de este artículo (APA, 6a ed.):
Martín Pérez, A. (2016). Libros. Rosa Huertas.Educación y Futuro Digital, 12 (2016), Revista de investigación aplicada y experiencias educativas, págs. 132-144