Diario de aprendizaje. Una experiencia en el aula

Cada día en nuestra labor de educadores buscamos nuevas formas de motivar a los alumnos, ilusionarlos con cada uno de los aprendizajes que adquieren, ayudarles a descubrir y comprender el valor que les aporta cada tarea que realizan para su formación. Todo ello, implica que los docentes estemos en una continua búsqueda de las propuestas innovadoras que mejor se adapten al grupo y que, a su vez, intenten dar respuesta a las competencias que pretendemos trasmitir en el desarrollo y puesta en práctica de cada programación.

Este curso me he propuesto utilizar en el aula con un grupo de estudiantes el Diario de aprendizaje, una herramienta que forma parte del Portafolios: “Una carpeta de competencias o portafolios es una colección de documentos en diferentes soportes que describe y documenta el proceso de aprendizaje y las competencias de una persona, mostrando su desarrollo personal y profesional a través del tiempo.” (Del Pozo, J. A. 2015, p. 37).

En el Diario de aprendizaje el estudiante pone en marcha la metacognición a través de la reflexión que realiza sobre las distintas actividades y propuestas generadas en la asignatura

Aunque el Diario de aprendizaje constituye un apartado dentro del Portafolio, he decidido extrapolarlo y utilizarlo de forma independiente, como entrenamiento y primera toma de contacto con los estudiantes en esta herramienta.

En el Diario de aprendizaje el estudiante pone en marcha la metacognición a través de la reflexión que realiza, partiendo de la comprensión y el análisis previo, sobre las distintas actividades y propuestas generadas en la asignatura. Supone, por tanto, un ejercicio de autoevaluación sobre el aprendizaje que realiza cada estudiante, donde éste, de forma individual, aporta sus ideas, opiniones y experiencias de cada una de las propuestas de actividades planteadas en el día a día de la asignatura.

Esta herramienta también supone un recurso muy adecuado para el docente ya que aporta una información muy importante, que muchas veces puede pasar desapercibida, sobre la motivación e interés de presenta cada uno de nuestros alumnos en su formación. Favoreciendo, a su vez, un feedback con el estudiante y su proceso de aprendizaje.

Las posibilidades de trabajo que presenta el Diario de aprendizaje en el ámbito de la educación formal, a nivel universitario, son muchas, así como las formas de llevarlo a cabo difieren en función del objeto perseguido según las competencias que se pretende adquirir en cada una de las programaciones. Por ello, la propuesta que he planteado como experiencia con mi grupo de alumnos se ha centrado en una serie de preguntas de carácter general desde las que he pretendido obtener información de tres aspectos fundamentales en el proceso de enseñanza-aprendizaje: la motivación hacia la asignatura, el tipo de aprendizajes que han adquirido ( qué reflexionen sobre ellos) y , por último, que sean conscientes de las competencias que se generan para irles preparando hacia su futuro desempeño profesional.

Esta herramienta la he planteado en tres momentos concretos:

  • Al inicio de la asignatura, donde se le ha planteado la siguiente cuestión: ¿qué interés suscita esta asignatura en tu desarrollo personal y profesional?
  • Durante el desarrollo de la misma, se les ha propuesto varias preguntas que han tenido que responder de forma personal al finalizar cada una de las actividades trabajadas en la clase. Las preguntas has sido las siguientes: ¿qué aprendizajes has adquirido (en este tema, actividad, etc.)?, ¿qué competencias has trabajado?, ¿qué te ha aportado como futuro profesional?, ¿qué cambiarias, modificarías y/o ampliarías y por qué?
  • Al finalizar la teoría y con ello el semestre, se le ha formulado una pregunta de reflexión final sobre su aprendizaje. En esta cuestión, para obtener mayor información, se le ha dejado al estudiante que exponga todas las ideas, propuestas, intereses, motivaciones, etc. que haya descubierto y adquirido durante este tiempo de trabajo. También se le ha indicado que se autoevalúe de forma cualitativa, con el objeto de que le sirva para analizar los puntos fuertes y débiles de su aprendizaje y de esa forma, aporte una visión pedagógica lo más completa posible sobre cómo ha sido su forma de trabajar e implicarse en la asignatura.

Esta técnica de evaluación tiene un carácter formativo ya que implica un esfuerzo continuo y constante durante todo el proceso de aprendizaje por parte del estudiante. Aunque ha costado ponerla en marcha debido a la dificultad que los estudiantes encontraban en cómo realizar la reflexión e interiorizar sus aprendizajes, ya que no estaban familiarizados con ello. Poco a poco, con el entrenamiento y la práctica semanal esta dificultad se ha conseguido solventar, llegando a resultarles muy útil para profundizar en la materia y a la vez, para valorar de forma más significativa los contenidos adquiridos.

Desde el punto de vista docente, me ha servido para realizar, al igual que a los alumnos, mi propia autorreflexión sobre la asignatura, los contenidos y la metodología, generándome preguntas sobre el tratamiento más adecuado para potenciar las competencias y facilitar, de esta manera, un mayor aprendizaje a los estudiantes.

Bibliografía

Blanco, A. (2010). . Madrid: Narcea.

Carbonell, J. (2014). Pedagogías del siglo XXI. Alternativas para la innovación educativa. Barcelona: Octaedro.

Del Pozo, J.A. (2015). Competencias profesionales. Herramientas de evaluación: el portafolios, la rúbrica y las pruebas situacionales. Madrid: Narcea.

Klennowski, V. (2012). Desarrollo de portafolios para el aprendizaje y la evaluación. Madrid: Narcea.