María Zambrano y la pedagogía salesiana, dos saberes de experiencia

En un momento en que el saber pedagógico se encuentra en fase de reflexión crítica, podemos acercarnos a la filosofía de María Zambrano para enfocar algunos aspectos de nuestra intervención educativa salesiana, desde el punto de vista pedagógico. El Sistema Preventivo de Don Bosco no se fundamentaba solamente en principios generales antropológicos, pedagógicos y teológicos, sino que partía de su experiencia educativa, como pedagogía practicada, evaluada, perfeccionada de manera infatigable y constante en el laboratorio de Valdocco. En todo esto resuena un eco zambraniano, porque también ella nos propone un “saber de experiencia”.

Desde su pensamiento filosófico María Zambrano nos impulsa a construirnos como personas, porque nacemos a medias, porque tenemos la tarea pendiente de hacernos. Esta es la tarea preventiva de Don Bosco con sus muchachos en el Turín del siglo XIX, emprender el camino de la construcción personal a pesar de las circunstancias que les hacen tan vulnerables. Les propone: Tomar conciencia de su ser hijos de Dios, recuperar su dignidad personal, y ganarse la vida para adquirir autonomía personal. De este modo logra el desarrollo integral de su persona. Lo podemos expresar con una frase del propio Don Bosco, a modo de eslogan que se utilizaban tanto en el oratorio salesiano:

Uno solo es mi deseo, que seáis felices en el tiempo y en la eternidad (Bosco, 1884, p.1).

Los tres principios educativos del Sistema Preventivo, razón, religión y amor no son realidades separadas, sino interrelacionadas, es más, mutuamente compenetradas, en los fines, en los contenidos, en los medios y en los métodos. Volviendo a la autora malagueña, vemos que ella nos descubre una razón que cuenta con la vida, y por ello, podemos sugerir que la razón poética puede alumbrar la razón del Sistema Preventivo salesiano. Ambas son, razón poética y “razón bosquiana”, al fin y al cabo una razón que está en función del crecimiento integral de la persona. Razón que se propone que el educando comprenda la realidad desde su experiencia y cambie su vida. Esta es la razón del sistema salesiano, aquella que guía hacía un saber basado en la propia experiencia y que amplía los horizontes de la persona desde dentro, mediando, apaciguando. Las claves de esta razón son la intuición y el saber de experiencia.

Pietro Braido, estudioso de Don Bosco y su sistema educativo, nos aclara el concepto de la razón preventiva: “Parece que especialmente la ‘razón’ tenga que recuperar la plenitud de su significado y de sus funciones, teóricas y prácticas: entender, explicar, juzgar y decidir. Puede convertirse de este modo, en el ‘guardián de la afectividad y de la misma religiosidad’, iluminada guía práctica del obrar, punto claro de la vida moral, espacio indispensable para oportunas intuiciones creadoras” (Braido, 2001, p. 322).

Para María Zambrano, la razón poética, se logra cuando la experiencia y la teoría caminan juntas, y de ahí su empeño por leer los acontecimientos históricos, culturales y religiosos en clave poética, entendida como creación, la poiesis griega. Y cabe recordar que “el error del racionalismo no está en haber subrayado el valor de los conceptos, sino en haber interpretado el pensamiento conceptual, como un mundo consistente en sí mismo, casi por completo separado de la experiencia” (Gevaert, 2003, pp. 166-167). Y frente a este modo de entender la razón, se alza la propuesta salesiana como

aprecio y utilización explícita de las energías interiores del joven, con el creciente recurso a las autonomías personales y de grupo en la cooperación educativa y en las mismas actividades didácticas (Braido, 2001, p. 435).

Para María Zambrano, la piedad que no es compasión, sino apertura, salir de sí mismo y entrar en relación con el otro, con el misterio. Es la religión del corazón, que se aleja de prácticas religiosas formales para adentrarse en el encuentro personal con Dios. Esta es la práctica religiosa que Juan Bosco proponía a los jóvenes que se acercaban a Valdocco. El pensamiento religioso de Zambrano puede iluminar la concepción de la persona del joven, fundamentar su ser como ser transcendente que, a veces, en la cultura actual permanece oculto, acallado.

En estos últimos tiempos estamos asistiendo a una reflexión sobre la situación intelectual en la que nos ha dejado inmersos la modernidad, esto ha producido mucha bibliografía desde el pensar filosófico, en la cual se hace crítica a una razón soberbia, propia del razonamiento moderno, y se propone un pensamiento débil, que se configura como “líquido”, frente a la pretendida solidez del pensar racionalista. Sin embargo, esta reflexión acerca de la crisis de la modernidad no siempre se ha encaminado en una dirección adecuada para dar solución a los problemas que la vida plantea, sobre todo porque la razón moderna no cuenta con un “saber de experiencia”, y la persona se siente pérdida, le falta asimilar la realidad para poder transcenderse. Estamos necesitados de reconstruir en cada persona, el diseño original de Dios. “Dios nos sueña” y esto nos impulsa, para hacer realidad este sueño, a una relación personal con él desde la propuesta de la novedad evangélica, y así tener conciencia permanente de la propia dignidad como personas, y como cristianos, como hijos e hijas de Dios.

Aquellos que se acercan al pensamiento zambraniano en clave racional, sufren una decepción. Porque lo que Zambrano busca es una filosofía alternativa, que sea revelación de la vida humana. Por tanto

esta razón interesa porque une razón y corazón, integra la vida humana y la proyecta (Sánchez-Gey, 2005, p. 484).

La amorevolezza salesiana da un paso más e invita a ser la clave de la relación educativa, porque la acción educativa salesiana está fundada en el amor manifestado. Resuenan las palabras del propio Don Bosco que los jóvenes se sientan amados. La amabilidad es amor demostrado, por lo tanto amor efectivo y afectivo, probado con hechos, perceptible y percibido. Es tan clara la centralidad del amor hecho visible y palpable que ha llegado a ser referencia de todo el Sistema Preventivo: “La ‘amorevolezza’, con todas las realidades que comprende, acabó por identificarse con el ‘espíritu salesiano’, remitiéndose explícitamente a San Francisco de Sales y a su teología del amor, plasmada en intenciones, actividades, sueños, propuestas, en una palabra, por el ‘estilo de vida y acción’ de Don Bosco” (Braido, 2001, p. 332).

A modo de conclusión podemos afirmar que María Zambrano en la raíz del ser humano sitúa el amor. El don del amor impulsa en la persona la necesidad de volverse al interior de sí misma y conocerse, impulsa la búsqueda de la verdad, la ausencia de rencor y de negatividad frente a las experiencias vividas, la justicia y el compromiso político, la misericordia que engendra fraternidad… Esto constituye el “saber de experiencia”, que será un buen bagaje para animar la tarea educativa de una educador o educadora en el ambiente salesiano.

Bibliografía:

Bosco, J. (1884). Carta de Roma. Recuperado de http://www.conoceadonbosco.com/descargas/escritos/Carta%20de%20Roma.pdf [Consulta: 24/8/2017]

Braido, P. (2001). Prevenir, no reprimir. El sistema educativo de Don Bosco. Madrid: CCS.

Sánchez-Gey, J. (2005) El significado de la filosofía de María Zambrano en la historia del pensamiento. Religión y Cultura, 233, 471-488.

Víllora Sánchez, C. (2014). El Pensamiento religioso de María Zambrano. Saarbrüken (Alemania): Publicia.

Zambrano, M. (1989). Para una historia de la piedad. Málaga: Torre de las Palomas.