¿QUÉ AMORES LLENAN TU VACÍO?

Los escribas y los fariseos traen ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: - «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?». Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Le pusieron una trampa mortal, porque la ley de Moisés era muy clara respecto a los adulterios: “Si un hombre comete adulterio con la mujer de su prójimo serán castigados con la muerte él y la mujer” (Levítico 20, 10) “Si un hombre fuere sorprendido acostado con una mujer casada, serán muertos los dos: el hombre que se ha acostado con la mujer y la mujer. Así harás desaparecer el mal de en medio de Israel” (Deuteronomio 22, 22).

La actitud de Jesús frente a la mujer adúltera fue sorprendente y revolucionaria. Se jugó la vida porque no corroboró lo que decía la ley de Moisés; si alguien ponía en cuestión la Torá merecía la muerte. Hizo una apuesta fuerte, clara, valiente por esa mujer.

Nos mostró el camino para que el peso de la ley no aplaste a mujeres y hombres en situaciones de vulnerabilidad. ¿Denunciamos con valentía las desigualdades? ¿Hacemos propuestas coherentes de igualdad? ¿Somos ejemplo y referencia a la hora de vivir unas relaciones igualitarias, al estilo de las que vivió Jesús de Nazaret?

Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: - «El que esté libre de pecado, que le tire la primera piedra».

Esta frase es la perla preciosa del texto. Es la frase que nos confronta hoy, invitándonos a mirarnos las manos para descubrir las “piedras” que estamos dispuestos a lanzar, además de las que guardamos en el zurrón, en reserva.

Cada juicio y cada pre-juicio son como piedras que lanzamos, porque pueden dañar o destruir la fama de una persona. Cada mentira es como una piedra que herirá a alguien, sin duda. Decimos “frases asesinas” que son como cuchillos que se clavan en el corazón ajeno. Cuando recordamos el daño que nos ha hecho una persona y se lo echamos en cara, una y otra vez, es como si le tiráramos las piedras que cuidadosamente hemos guardado en el zurrón, durante años, esperando el momento apropiado para lanzar la munición.

Jesús dijo: - «Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más»

Cuaresma CES Don Bosco

Al responderle Jesús de este modo es como si extendiera un manto de misericordia sobre la mujer y la cubriera totalmente para que quedara al abrigo de quienes le lanzaban la ley de Moisés como arma arrojadiza. Ya no hay condena. Ha recuperado la vida y puede empezar de nuevo. Pero ha aprendido la lección: el adulterio no es el camino.

Quizá hoy el evangelio nos dice algo así: No te condeno, pero suelta la piedra que tienes en tu mano; vacía también tu corazón y tu mente de todas esas piedras que guardas, esperando la ocasión para tirarlas. Y que el Amor llene ese espacio vacío que has recuperado.