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Nos mueve la esperanza

Comenzamos el tiempo de adviento. Es un tiempo en el que se pide que continuemos realizando esos gestos que se repiten año tras año. Se trata de seguir dando cuerda al reloj, en espera del relojero que viene a poner a punto el mecanismo de nuestra vida. La preparación de este tiempo no pide acciones extraordinarias y grandes. Nos pide que mantengamos esos pequeños gestos que permiten que nuestra vida siga en funcionamiento.

La primera actitud del adviento consiste en tomar conciencia de a quién esperamos y por qué le esperamos. Esperamos la llegada de Jesús, que es el Mesías. Esperamos a Jesús porque nos trae la salvación. El adviento es el tiempo de preparación a acoger la salvación en nuestras vidas.

Esperamos la llegada de Jesús, que es el Mesías. Esperamos a Jesús porque nos trae la salvación.

La salvación no es la eliminación de todos nuestros problemas y dificultades. La salvación es el funcionamiento correcto del mecanismo de nuestra vida. La salvación tiene siempre que ver con la plenitud y la felicidad humana porque es la puesta a punto del mecanismo de nuestra existencia. Para ello pueden servir algunos gestos, algunas actitudes para dar cuerda al reloj:

Soñar, imaginar, crear

Se trata de soñar el sueño de Dios. Parece que hoy podemos vivir sin grandes sueños y sin grandes visiones. Nos hemos acostumbrado a renunciar a la utopía, a conformarnos con lo que hay, a vivir sin esperanza. Nuestro lema es “nos mueve la esperanza”. Hay que seguir.

Allanar, derribar, podar. Para que crezca un árbol.

En los trabajos de jardinería el plantar es un arte. Hay que saber cuándo y cómo se siembra una semilla o se planta un retoño. Pero tan importante como plantar es saber arrancar las malas hierbas. Los buenos jardineros están atentos a las malas hierbas que crecen y las arrancan cuando es necesario. De este modo, impiden que los retoños jóvenes puedan ser ahogados por hierbas extrañas. Lo que sirve para el crecimiento de las plantas también sirve para el desarrollo de nuestra persona.

Abrir, entrelazar, relacionar, salir al camino. Visita de María.

Hay personas que por ver al cantante preferido o por asistir a un partido de fútbol hacen el esfuerzo de pasar toda la noche delante de un estadio parar lograr una entrada o un lugar en las primeras filas. Nos podemos imaginar que a una de esas personas se les acerca el cantante favorito, su ídolo, y le dice: -¿qué haces ahí?, Toma con este pase especial te sentarás en un lugar preferente. Podemos imaginarnos su emoción y su alegría. Con Jesús nos ha pasado algo parecido. Durante mucho tiempo la humanidad ha buscado a Dios, ha preguntado por Él, le ha esperado. Y en medio de esa búsqueda y esa espera, de repente, en Jesús Dios viene a nuestro encuentro. En Jesús recibimos la visita de Dios. Una visita que como todas las visitas viene a charlar con nosotros, a hacernos compañía, a ofrecernos orientación, a apoyarnos. Este aspecto de nuestra fe se recoge y expresa en la escena de la visitación.

La visita de María a su pariente Isabel es algo más que un gesto de cortesía. En esa escena María representa de modo anticipado el significado de la vida de Jesús. En Él recibimos la visita de Dios. Ante esta noticia las dos mujeres reaccionan con alegría entonando un canto de alabanza. Del mismo modo nosotros estamos llamados a proclamar la alegría de haber encontrado a Jesús, que es la música de Dios, y a decir con nuestros labios y con nuestra vida que “nos mueve la esperanza”.