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Abre tu puerta: La Cuaresma y la inversión de valores

Carl Spitzweg, pintor del Romanticismo alemán del siglo XIX, tiene un cuadro titulado ‘Miércoles de Ceniza’, elaborado entre 1855 y 1860. En él no se presenta ningún rito litúrgico, sino que dentro de un calabozo vemos un arlequín encarcelado, símbolo del ‘Espíritu del Carnaval’ confinado mientras medita y reflexiona sobre los excesos y locuras de los días pasados. La luz que atraviesa los barrotes le ayuda a mirar el tiempo de 40 días que tiene por delante para levantar el ánimo.

Como pasa con el cuadro hay dos posibles maneras de entender la Cuaresma, explica Juan Francisco Pozo: “En esa pintura vemos un hombre disfrazado de arlequín, sentado en un rincón de una prisión, con aire deprimido y triste, como alguien que ha estado disfrutando de la alegría de vivir en el carnaval previo, con sus posibles excesos, y ahora está castigado, privado de su libertad en nombre de la moralidad estricta y adversaria de la vida. Según esta interpretación la Cuaresma es un tiempo lúgubre, que rememora palabras como sacrifico, ayuno, penitencia… Es decir, algo verdaderamente antipático y poco atrayente. Pero está la otra interpretación, que es la que revela el sentido auténtico de la Cuaresma: el arlequín del cuadro, está bañado por la luz que viene desde arriba que penetra en su corazón y en su mente. Y esa luz, que representa el amor y la misericordia de Dios le está haciendo recapacitar acerca de su vida y sus acciones. La actitud serena del personaje sugiere que la paz ha llegado a su corazón tras el arrepentimiento, sabedor del perdón de Dios”.

Cuaresma 2021, inversión en valores

El evangelio de Miércoles de Ceniza (Mt 6, 1-18) resalta de forma muy directa y elocuente los tres elementos clásicos de la piedad cuaresmal: la limosna, la oración y el ayuno. Tres elementos que marcan la triple orientación que la Cuaresma propone al creyente que quiere llegar preparado a la Pascua.

Una triple apertura, y una inversión en valores (en su doble acepción de cambio-mutación y de inversión-apuesta), que se hace realidad de muchas maneras, como señalaba José Aldazábal:

  • La apertura a los demás: con la obra clásica cuaresmal de la limosna, que es ante todo caridad, comprensión, amabilidad, perdón, aunque también limosna a los más necesitados de cerca o de lejos
  • La apertura a Dios, que es escucha de la Palabra, oración personal y familiar, participación más activa y frecuente en la Eucaristía y el sacramento de la Reconciliación.
  • Y el ayuno, que es autocontrol, búsqueda de un equilibrio en nuestra escala de valores, renuncia a cosas superfluas, sobre todo si su fruto redunda en ayuda a los más necesitados.

Francisco en el mensaje para la Cuaresma de 2021 señala, además, los tres valores de las virtudes teologales y señala, entre otras cosas:

  • La fe nos llama a acoger la Verdad y a ser testigos, ante Dios y ante nuestros hermanos y hermanas (…).
  • La esperanza como “agua viva” que nos permite continuar nuestro camino (…).
  • La caridad, vivida tras las huellas de Cristo, mostrando atención y compasión por cada persona, es la expresión más alta de nuestra fe y nuestra esperanza (…).
  • «Solo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (Fratelli tutti 187)”.

Como señalaba Francisco del Pozo al inicio del artículo hay dos maneras de ver la Cuaresma. Yo me quedo con la segunda: el arlequín inundado por la luz que viene de arriba penetra en su mente y en su corazón; en definitiva, la paz ha llegado hasta él. Ojalá también nosotros nos veamos alcanzados por esta paz de la Cuaresma y abramos nuestra puerta.

Cuaresma 2021, inversión en valores