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Estos días en los que vivimos una situación compleja desde el punto de vista social, laboral, familiar...analizamos el impacto en los individuos: El virus del cambio

Dentro de unos años, lo acontecido en este momento, pasará a estar entre las páginas finales de los libros de texto de historia. Aquellas páginas que el equipo docente suele dejar para el final al seguir el orden cronológico de la historia.

Nuestro Sociólogo y profesor del Grado en Educación Social Albert Marquès Donoso analiza la realidad que vivimos en estas semanas de confinamiento debido al COVID-19.

El modo de entender a las personas que nos rodean

Durante estos días han aparecido pequeños esquejes que nos hacen volver a creer en la reconciliación del ser humano con aquellas interacciones primitivas que vivimos durante la infancia. Las personas que han podido cruzar el umbral de su puerta para realizar alguna actividad básica o de primera necesidad, habrán podido observar que casi todas las personas con las que se crucen, llevarán mascarillas para protegerse del COVID-19.

Las personas que llevan mascarillas, se ven obligadas a establecer nuevos canales de comunicación basados en la expresión facial, ya que gran parte del rostro se ve cubierto por dichos elementos; dando lugar a la necesidad de mejorar la expresividad visual, se ha recuperado el poder de las miradas.

Mirarnos a los ojos cuando hablamos es una de las primeras cosas con las que se educa a niños y niñas, y que en algunos casos se pierde por falta de interés en la comunicación o simplemente por inseguridad. Sin embargo, estos días nos estamos viendo obligados y obligadas a volver a mirarnos a los ojos cuando llevamos una mascarilla, si queremos leer en la mirada, todo aquello que antes nos expresaba un rostro al completo. Quizá es el momento de “desdigitalizar” las relaciones personales ahora que tenemos la oportunidad de hartarnos de ellas.

¿Puede ser esto una nueva forma de comunicarnos que no pueda ser digitalizada?

La mirada expresa mucho más que la gesticulación bocal, pero hemos desaprendido a leer lo que nos expresa una mirada. Estos días en que por desgracia nos hemos visto obligados y obligadas a reinterpretar las miradas, hemos reaprendido a comprender expresiones; coincidiendo con uno de los momentos más emocionales colectivamente hablando que se recuerdan. La comunicación a través de miradas no se puede fingir, ni puede mentir; quizá es el momento para empatizar con nuestros y nuestras semejantes. De este modo podemos reconvertir el egoísmo que define a las generaciones pobladoras del siglo XXI, por la solidaridad y compromiso con el bien común que se ha podido ver en todo el mundo estas últimas semanas. La lectura de la mirada puede ser el acto más revolucionario del siglo XXI, transformando la comunicación y simplificando la lectura emocional de las personas.

Sería deseable que las reflexiones que se hagan estos días no queden en el olvido, y que aprendamos a disponer de unos minutos todos los días para dedicarnos a debatir sobre nuestro bienestar personal.

El modo de entender la relación con las personas que nos rodean

La unidad que ha supuesto esta nueva situación, no se había vivido desde sucesos tan trágicos como el 11 de marzo de 2004. España, al igual que muchos otros países, solo se siente unida a través de enemigos comunes; y quizá esta bajada a la realidad nos haga comprender que por mucho que hayamos dominado tecnológicamente el entorno; estamos indefensos e indefensas ante los microrganismos más insignificantes de nuestro planeta. Ahora mismo las rivalidades han perdido el sentido; si es que estas lo tuvieron en algún momento. Estamos de acuerdo en alabar el sacrificio y en penalizar el egoísmo. Y aquellos y aquellas que bajo este contexto se empeñan en rivalizar y criticar, solo demuestran que no están capacitados y capacitadas para aprender nada.

El modo de sentir a las personas que nos rodean

Por otro lado, analizando este fenómeno de las miradas, podemos observar cómo ha aparecido un anhelo en la población de contacto real. Es posible que hasta ahora no haya habido esa necesidad colectiva de contacto, de dar significado a un abrazo, o al rozarnos al pasar junto a una persona en el metro; hace unas semanas era impensable el cambiarse de acera al cruzarnos con alguien en la calle; sin embargo, se está convirtiendo en una norma social. La reticencia al contacto difícilmente se impondrá, aunque innegablemente aparecerá al inicio de la vuelta a la realidad. En un futuro cercano recuperaremos el poder del contacto humano, y la situación que estamos viviendo nos demostrará el poder de un abrazo, de una sonrisa y de la cercanía.

El modo de comprendernos

El modo de entender nuestra realidad estos días se magnifica e intensifica, disponemos de más tiempo para preguntarnos por circunstancias de nuestra vida, y nos hace replantearnos cosas, que de otro modo nos costaría mucho más llegar. Llegar a este nivel de autoconcepto puede llevarnos años y nos estamos viendo obligados a debatir a diario acerca de nuestra realidad. Sería deseable que las reflexiones que se hagan estos días no queden en el olvido, y que aprendamos a disponer de unos minutos todos los días para dedicarnos a debatir sobre nuestro bienestar personal.

Por ello es aconsejable mantener la ilusión en el futuro, y trabajar desde el imaginario. ¿Cómo será el primer día que pueda volver a mi normalidad? Esta pregunta debe acompañarnos para no perder el ánimo, tener un objetivo en el horizonte nos ayudará durante todo el proceso.

El modo de entender el entorno

El día 30 de marzo de 2020 nos despertó con el habitual recuento de personas fallecidas, pero otro fenómeno acompañaba a la vespertina villa de Madrid, estaba nevando. Ha nevado durante unos instantes y en el resto de la comunidad ha nevado a lo largo del día. Estos días se pueden leer algunas noticias de que algunos animales están recuperando territorios en zonas anteriormente pobladas a diario por el ser humano. Estos días ha aparecido una nueva moda en internet, los hombres se están rapando el pelo, lo hacen ya que estarán unos días encerrados en casa y en caso de que el resultado no sea el esperado, el pelo habrá crecido para entonces.

¿Es posible que hayamos encerrado al medio ambiente en una cuarentena con nuestra presencia y que no pueda mostrarse tal y como es?, ¿y ahora que nos hemos “ido” durante unos días le estemos dejando ser tal y como le gustaría ser?

El modo de apreciar los detalles

El recuerdo de haber perdido la libertad de acción durante unas semanas, no va a ser borrada de nuestros recuerdos ni de nuestros imaginarios. Esto nos permitirá apreciar la belleza de lo que se ha considerado insignificante durante tanto tiempo en nuestras vidas; olores, sabores, sonidos, interacciones, sonrisas, miradas, llantos… Lo insignificante cobra sentido cuando desaparece, y nuestras existencias se construyen de infinidad de sensaciones que no son consideradas, pero cuando se han perdido se hacen esenciales. La apreciación de los detalles que construyen una vida puede ser uno de los elementos más transformadores de nuestra construcción futura de la realidad.

Tenemos ante nosotros y nosotras la posibilidad de construir la historia en base a los nuevos retos que nos suponen estos cambios que se nos ha obligado a vivir. Ante la humanidad está la oportunidad de cambiar el modo de interaccionar entre nosotros y nosotras, pero a la vez está la ocasión de aprender de lo vivido para transformar nuestra relación con el entorno.

Esta breve reflexión debe animar a los equipos docentes a empezar el libro de historia por las páginas finales, y de este modo no permitir que estos días caigan en el olvido. No olvidemos lo que hemos aprendido y lo que nos hemos visto obligados a reaprender.